Chus NEIRA
El miedo de los gestores de las principales instituciones de la música clásica en la región es el mismo que el de los profesionales del sector. Los esperados recortes de las distintas administraciones en tiempos de crisis pasarán factura en primer lugar a la cultura, y el pequeño paraíso de la música clásica en Asturias puede acabarse.
Jaime Álvarez-Buylla, presidente de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, se muestra «entristecido» con la noticia: «No creí que fuera a haber recortes tan importantes, y está mal, porque la cultura es una seña de identidad de un pueblo. Oviedo es una ciudad eminentemente cultural y la clásica hay que mantenerla mucho antes que cualquier otra cosa».
El director de escena asturiano Emilio Sagi conoce y padece también por su cargo de director artístico en el teatro Arriaga de Bilbao «el peligro» que suponen los recortes para las estructuras culturales. Lamenta que el gasto siempre se ajuste por el mismo sitio, pero añade una receta: «No podemos hacernos las víctimas. Los gestores tenemos que intentar hacer con lo que tenemos, hacer virtud de los problemas, lograr programaciones interesantes sin bajar la calidad. Otra vía es fomentar exageradamente la coproducción entre instituciones.
El viola de «Oviedo Filarmonía» Juan Ruiz de la Peña, representante del comité de empresa de los músicos, se tranquiliza con la idea de que las orquestas «no peligran», pero sí cree que los recortes «repercutirán en todos». El ejemplo, en su caso, es que «Oviedo Filarmonía», junto a Murcia, Córdoba y Extremadura, es de las que menos cobran de toda España. «Sin embargo», añade, «la carga de trabajo es enorme». Otras orquestas similares, sigue, «trabajan menos y tienen más plantilla, con lo que pueden tener más rotaciones. Aquí el coste de la orquesta a la ciudad, el coste económico, es ridículo, estamos más que rentabilizados». En el caso de «Oviedo Filarmonía», uno de sus problemas es que el 80% de los 2,6 millones de euros de presupuesto anual se destina a salarios. Es un porcentaje muy elevado que, con una congelación presupuestaria, no dejaría margen para actualizar los sueldos.
El temor entre los técnicos es similar. Jesús Lafuente es jefe de utilería de la Ópera de Oviedo. Resume la situación con un «la cosa está fea». Si hay menos títulos de Ópera o si se reduce uno de zarzuela, explica, serán menos días de trabajo. «Y eso implica no venir a trabajar, no cobrar, irte al paro o casa». Lafuente lleva diez años en el teatro, desde que empezó el quinto título de la Ópera y comparte los temores con una plantilla de producción que ronda la treintena de personas. La circunstancia de todos es parecida: hipoteca, hijos y perspectiva incierta.