PEPE MONTESERÍN
Enrique VIII padecía acantofagia, pasión por los cardos, los mansos, porque el cimarrón sólo lo aprovechan los asnos, que pueden con sus espinas aún retemblándoles los morros ante las punzadas. Cardo abadejo, ajonjero, arrecife, arzolla, bendito, blanco, borde, borriquero, bravo, burral, de cardar, de Castilla, de Cristo, de cuco, estrellado, fullonum, garbancero, de huerta, lechero, de liga, manchado, de María, marítimo, molar, de olla, perruno, pinto, presoeiro, rizado, santo, setero, veliño, yesquero y zafranero. Hay otro Cardo, en Gozón, terreno de suaves colinas, dedicado a praderías, donde, curiosamente, fue sustituyéndose el cardo lechero por las vacas, que en otoño se catan a las siete, hora a la que el nuevo párroco Jesús García, con más yerba que tená, quiere decir la misa. ¿Y catarlas en el alto de Romadonga, en el atrio de la iglesia de San Martín?