J. N.
-Oviedo, la bien novelada pero apenas cantada.
-Quizás haga una segunda parte con Manolín el Gitano, Fernando Alonso o Gustavo Bueno, al que respeto y admiro. Ye mucho. Lo recuerdo de la época en que le quemaban el coche y recibía ataques.
-La época heroica.
-Recuerdo un recital en Salas en 1977 que organizó Arturo Gutiérrez de Terán. Felipe Fernández era conocido como «el estudiante». Y Manolo Menéndez era más joven aún. No me dejó cantar Ramos, el jefe de la Policía. Sí logre cantar en el Club Cultural, allí estaba Juanín Muñiz Zapico. El presidente del club era Pepe Troteaga. Ahora está en otro club. En septiembre pasado, a la salida de dar las medallas en el Auditorio de Oviedo, Areces me cogió por el hombro y me presentó a un grupo como «nuestro crack». A mí no me han dado ni me darán medallas; mejor, soy como Brassens y con él digo: cuando la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual. Bueno, todo ha cambiado mucho.
-¿Dónde vive ahora?
-Resido a caballo entre Oviedo y Albacete, donde mi compañera, socióloga, es profesora de Universidad. Vivo entre Asturias y Castilla-La Mancha.
-Como Cajastur entonces.
-Bueno, colabora en el festival. Está metida en una operación de gran calado, se trata de 2.000 puestos de trabajo implicados directamente. Por cierto, el único que toma sidra en Albacete soy yo.
-¿De dónde la saca?
-Me la facilita mi amigo Samuelón, de Trabanco.