PEPE MONTESERÍN
El padre Ángel, Mensajero de la Paz y «Príncipe» de la Concordia, quería entregarse a los piratas somalíes a cambio de que liberasen a los 36 rehenes del «Alakrana», secuestrados. El ofrecimiento, antes de parecer una manifestación de generosidad infinita, pecaba de pescuezo, mala contabilidad e ingenuidad. Aunque ya es innecesario, para que el gesto de mi admirado padre Ángel fuera como Dios manda, debería imitar a los políticos Jiménez Blanco y Vida Soria, que el 23-F viajaron desde Granada para entrar en el Congreso y solidarizarse con sus compañeros amenazados. Hizo lo contrario la otra «Princesa» de la Concordia, Betancourt. El ofrecimiento fetén hubiera sido presentarse en Somalia con el esquijama y el hisopo, sin condiciones. Y yo me hubiera ofrecido a acompañarlo, por ver si encarecía el rescate, saber a cómo está el kilo de corresponsal.