PEPE MONTESERÍN
Llamamos pleonasmo o redundancia al empleo de vocablos innecesarios para el recto sentido de la expresión; a veces, damos con ello gracia, vigor y énfasis, otras resulta enojoso: «Subimos arriba ambos dos, pero sin embargo, yo entré adentro y lo vi con mis ojos, luego a continuación, aterido de frío, comí un mendrugo de pan». Salgado, la ministra de Economía, que no economiza palabras, defendió en el Congreso que la compraventa CCM-Cajastur nada le costará al erario público. Pero, ¿es que hay erario privado? ¡Esta crisis va a acabar con el oro de España y con la lengua! Hay cosas que se pierden con la repetición; pienso en aquel estribillo de los fuegos de campamento, el de Carrascal, Carrascal, ya me estás dando la lata, que decía: «El tranvía de mi pueblo, eblo, / el tranvía de mi pueblo, eblo, / el tranvía de mi pueblo, eblo, / en mi pueblo no hay tranvía».