Oviedo, María J. IGLESIAS
Los embajadores se ponen muy nerviosos cuando van a entregar sus credenciales al Rey. Lo sabe bien el diplomático asturiano Javier Vallaure Acha, embajador de España encargado de introdudir a todos los legados que llegan a Madrid.
El introductor de embajadores, que antes representó a España en Florida y Angola, entre otros destinos, pronunció ayer la lección de clausura del curso de especialista en protocolo y ceremonial del Estado, organizado por la Universidad de Oviedo, dirigido por Julio Carbajo, Pablo Batlle y Felio Villarrubias. Los nuevos diplomados estaban deseando recibir su título, pero no se perdieron ni una coma del relato de Vallaure, que explicó, en una narración repleta de anécdotas, el periplo que debe realizar un embajador extranjero cuando aterriza en Barajas para tomar posesión de su cargo.
Para empezar, nada de presentar las credenciales en la sala de autoridades. Alguno lo ha intentado, pero Vallaure no lo admite. «Las credenciales, en el despacho del palacete de Santa Cruz», la sede del Ministerio de Exteriores, donde tiene su despacho, que por cierto fue la antigua sala del verdugo.
La auténtica reválida es la presentación de las credenciales ante el Rey. Hasta ese momento los representantes pueden hacer una vida diplomática normal, salvo participar en actos a los que asiste lo que en el argot se llama el «corazón» de la Familia Real -los Reyes, los Príncipes de Asturias, las Infantas y sus hijos.
También hay truco. Por ejemplo, si un jefe de gobierno del país visita la Zarzuela y se requiere la presencia del embajador, aun sin «la bendición» real no hay problema. Se le «disfraza» dentro de la delegación extranjera, sin hacer mención a su cargo. El gran momento del encuentro con don Juan Carlos, en el Palacio de Oriente, impone a los más curtidos. «Es que éste no es un Rey normal», señala Vallaure. «El extraordinario carisma del Monarca, su presencia, lo hacen excepcional». Además, el Rey se fija en todos los detalles, «es tremendamente observador». A lo largo del año, el introductor dirige unas cinco ceremonias al año, con una media de seis embajadores. El orden de preferencia para presentarse ante el Rey lo marca la llegada de las credenciales a Exteriores.
Salvo en el caso del Nuncio Apostólico, el decano de los embajadores en España, como sucede en la mayor parte de los países de tradición católica. El enviado del Papa siempre tiene preferencia. Entre los últimos embajadores acreditados en España, Vallaure destacó los impecables modos de la filipina Ana Inés de Sequera-Ugarte, nieta de una asturiana de Grandas de Salime. «Lo hizo todo perfecto y no es fácil».
El curso va dirigido a titulados universitarios medios o superiores y a quienes vienen desarrollando su trabajo profesional en el campo del protocolo que carezcan de titulación, siempre que y reúnan los requisitos para cursar estudios universitarios.