JULIO HERNANDO GARCÍA PELÁEZ
Obispo de Cali
Oviedo, Ángel FIDALGO
El obispo de Cali (Colombia), Julio Hernando García Peláez, hizo un alto en el camino esta semana entre Jerusalén y su país para reunirse en Oviedo con el fundador de la ONG Padrinos Asturianos, el padre José Pérez, una organización de la que el obispo colombiano es su director internacional.
-¿Es Colombia, como podría parecer, un apostolado difícil, complicado?
-Pero los desafíos para nosotros son posibilidades que nos llevan a crecer. La situación que en general se vive América Latina, y muy particularmente en mi país, y más en Cali, hace que nos superemos todos los días.
-Asesinatos, secuestros, corrupción a todos los niveles y también narcotráfico.
-Son muchos los males que nos aquejan, pero donde hay un ser humano también hay una posibilidad de cambiarlo. De lo que se trata es de introducirlos en ambientes distintos y darles educación. Desgraciadamente, las personas con edades comprendidas entre los 15 y los 30 años caen en las redes del narcotráfico buscando un dinero fácil. Otros se marchan a la guerrilla y muchas jóvenes eligen el camino de la prostitución.
-¿De ahí la importancia de Padrinos Asturianos?
-Si logramos formar a un niño tendremos un narcotraficante o un guerrillero menos. En eso trabajamos en Ciudad Oviedo, un pueblo fundado por el padre José Pérez para que los niños se eduquen y vivan dignamente, y con el que el Ayuntamiento de esta ciudad colabora generosamente. De ahí la importancia de que los asturianos nos ayuden en esta iniciativa apadrinando a un niño.
-¿Es cierto que la sociedad colombiana funciona como un buen caldo de cultivo para la guerrilla y el narcotráfico?
-La problemática social incuba una situación que nos hace ver la noche cada vez más oscura en Colombia. Pero hay una cosa interesante, cuanto más oscura es la noche más cerca está la alborada. En la medida en que vayamos reconstruyendo a las personas, podremos soñar también en una nueva primavera.
-¿Cómo son las relaciones de la Iglesia con el Gobierno de Álvaro Uribe?
-Por el momento, las relaciones son buenas, pero hay una gran preocupación a nivel interno de que se absolutice el poder. Las relaciones con Venezuela y con Ecuador se han vuelto muy complejas en los últimos años, lo que hace que una buena parte del país se sienta representada en Álvaro Uribe, como protección ante las amenazas de los países vecinos. Esto va generando un nacionalismo, y no siempre es un nacionalismo bueno. Nosotros pensamos que la democracia no puede convertirse en una democracia absolutista. Todo lo contrario, más bien de lo que se trata es de buscar nuevas fuerzas políticas que den continuidad a un proyecto y no a una persona. Son maneras de ver la vida, pero lo cierto es que entre lo que queremos y la realidad en que vivimos todavía hay una gran distancia.
-¿Mantienen algún tipo de contacto con la guerrilla?
-La Iglesia presta un servicio de mediación. Tal vez lo más dramático que hemos vivido en los últimos tiempos son los secuestros. Tenemos a personas que fueron secuestradas hace doce años. Es una situación dolorosa. Son campesinos secuestrados y sus familias son muy humildes. De todas formas, la Iglesia está tratando de conseguir su liberación.
-Los políticos fueron liberados.
-Sí, y quedaron los pobres, es la historia de siempre.
-¿El pueblo colombiano comparte los ideales de la revolución bolivariana?
-Desde hace cincuenta años somos víctimas de una situación de violencia. Lo que más necesitamos en nuestro país, que es muy rico y tiene de todo, es la paz. Es una desgracia. Violencia guerrillera, paramilitar... Es catastrófico vivir en una guerra permanente. Hemos sufrido tanto que por eso estoy convencido de que no habrá guerra ni con Venezuela ni con Ecuador.
«En la selva liberaron a los políticos pero quedaron secuestrados los pobres, es la historia de siempre»