PEPE MONTESERÍN
Entre las máximas creaciones del genio español tenemos a la Celestina, a Don Quijote y a Don Juan; una alcahueta, un melancólico y un bandarra. Don Juan, que llegó a Oviedo estos días (en el hotel se registró como Bo Skovhus), es el arquetipo del libertino, mujeriego, suplantador, infiel, frívolo, irrespetuoso, cínico, insatisfecho, perjuro y un poco asesino. Si todos los Don Juan emularon al burlador de Sevilla, Tirso de Molina se inspiró en Zeus, rey de la metamorfosis y de los raptos, es decir, las violaciones; seductor de diosas y heroínas, polígamo (se desposó con su celosísima hermana Hera, y con Dione, Leto, Deméter y Maya, que se sepa) y devoró a sus hijos. De Zeus hizo Fidias una estatua de piedra, que gustó mucho, en Olimpia, ya derribada; pero todavía tiene calle en Alicante, en Sevilla y en Madrid, y una cafetería en Oviedo, en Río San Pedro.