M. PÉREZ
Golpear a una persona en dos ocasiones no es violencia. Esto es lo que opina Francisco Javier G. N., que mantuvo una relación sentimental de un mes con la joven descuartizada en Vallobín, María Luisa Blanco, y que declaró ayer en calidad de testigo en el Juzgado de instrucción número 4. El joven, que frecuentaba el piso de la familia Blanco en Mariscal Solís, explicó que quien dominaba la casa era uno de los «inquilinos», Jesús V. B., «el Duke», al que definió como «un poco chulo, pero no violento». A continuación, el joven relató que había visto a Jesús V. B. pegar al otro «inquilino», Cristian M. P. El fiscal le preguntó si no consideraba eso violencia y él respondió que no.
Francisco Javier G. N. es amigo de Jesús V. B. y fue a través de él como conoció a María Luisa Blanco en el domicilio de Vallobín. «Era una chica sexualmente normal», explicó el joven, que también dijo que María Luisa Blanco estaba enamorada de Jesús V. B. y que por eso su pareja, la menor Larissa L. R., que también residía en la casa, «tenía celos». El joven también detalló que cuando María Luisa Blanco fue asesinada ya no mantenía una relación con ella, que lo habían dejado hacía tiempo.
Fuel el abogado de Jesús V. B., Luis Alberto Álvarez Arboleya, quien solicitó la declaración del que fuera novio de María Luisa Blanco. «Pretendía aclarar ciertos puntos que estaban pendientes y la prueba ha sido satisfactoria», explicó Álvarez Arboleya a la salida del Juzgado. Por su parte, Fernando de Barutell, abogado del hermano de la víctima, Pablo B. B., dijo que «no es el momento procesal oportuno para hacer valoraciones», aunque insistió en que «el domicilio de Vallobín era la casa de el terror y "el Duke", el jefe de aquella casa».