PEPE MONTESERÍN
Del «Campoamor» del martes me quedo con Simón Orfila, a quien no pude ver en un «Don Giovanni», en la Ópera de Tel Aviv, pero sí en «El barbiere di Siviglia», en Oviedo, el diciembre pasado, en el papel de Basilio. Del menorquín escojo el «aria del catálogo», en la que Leporello le canta a la madamina Doña Elvira las conquistas de su amo; tanto la primera parte del aria, «In Italia seicento e quaranta..., ma in Ispagna son già mille e tre», enumeración llena de baronesas, corcheas y campesinas, como la segunda, «Nella bionda...», aires de minué, con los pormenores de las susodichas, que si la bruna, la grassotta, la magrotta... No me explico el penúltimo acto: cuando se abren las entrañas del escenario y Don Juan se va al Infierno, ¿cómo no pasó antes por el foso y se cayó encima de los clarinetes y las flautas que con tanta vehemencia dirigía Pablo González?