DIANA DÍAZ
Ana Nebot (soprano), Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» (director: Miguel Ángel Campos). Al piano, Julio César Picos.
Programa. Seis canciones de María Teresa Prieto: «En las palmas de la noche», «Donaire», «Canción de cuna», «Pastoral», «Cautiva», «Alto pinar». Fragmentos corales de obras de Bretón, Chueca, Barbieri, Arrieta, Fernández Caballero, Moreno Torroba, Alonso y Sorozábal.
Conciertos como el del pasado miércoles vuelven a situar a la Sociedad Filarmónica en el foco de atención musical. Con el estreno de las seis primeras canciones de la compositora asturiana María Teresa Prieto se plantean posibles líneas de actuación que la entidad podría estudiar, para así revitalizar la actividad de una sociedad centenaria que hoy en día ha de competir con un entramado musical ambicioso. Por otro lado, en manos de la Filarmónica está el que iniciativas de este interés musical, renovado y necesario, sean difundidas y con eficacia para mantener una sociedad que bien merece seguir siendo hoy en día imprescindible en la oferta cultural.
El último proyecto de la Filarmónica surge tras encontrar las partituras Manuel Aguadé Nieto en su casa familiar; partituras en una edición Schirmer americana de 1942, con textos en castellano y en inglés, que se han localizado también en otros archivos musicales. Se trata de seis canciones de juventud, hasta ahora inéditas, que María Teresa Prieto compuso en la década de los años cuarenta, ya establecida en México. No consiste en un ciclo como tal, sino, más bien, en una colección de piezas del mismo género musical y fecha de composición, así como los textos escogidos de poetas de la Generación del 27 (con algunos de ellos Prieto se relacionará en México), o el carácter posromántico de la escritura musical. No es extraño que Prieto cultivara desde sus comienzos el «lied» (canción), género que retomó en otras épocas de su composición, a medida que evoluciona su lenguaje. Por un lado, la brevedad y la sujeción a la forma de las canciones permiten desarrollar moldes escolásticos que se observan en la producción de María Teresa. Por otra parte, la relación literaria del género, junto al componente popular, que también recorre el catálogo de la compositora, hacen del «lied» un género muy apropiado para la práctica de su pluma.
Los responsables de recuperar las piezas de la asturiana fueron la soprano ovetense Ana Nebot y el pianista gijonés Julio César Picos Sol, un tándem que supo extraer el contenido musical y sentimental de las obras, sin dejar de ofrecer una actuación con la personalidad que, en el último paso, debe ofrece el intérprete. De este modo, encontramos unas canciones de juventud, herederas de la tradición germana de Schubert y Brahms. En general, el texto predomina con efectos descriptivos sobre la música, mientras que el piano sirve para apoyar la melodía en piezas de carácter cíclico; a lo que Picos Sol respondió con precisión y respeto por la voz en el recital. Y una tesitura vocal media, perfectamente salvada por Nebot, acentúa un carácter nostálgico siempre presente con las tonalidades menores. De este modo, «En las palmas de la noche», que abre la colección, contiene una estructura tripartita tradicional, que se mantiene a lo largo de las piezas, salvo en la «Canción de cuna», más bien bipartita, con letra de la misma María Teresa, dedicada a sus sobrinos. Mientras que en el plano armónico los giros a las tonalidades cercanas, relativas menores y de dominante son característicos. Si bien en «Pastoral» destaca en la parte central el uso de escalas armónicas y melódicas, que dan una sonoridad especial, en el caso de «Cautiva», la agógica y dinámicas resaltan un texto revelador, mientras que «Alto pinar» está dominada por una escala descendente que, marcada en el bajo, hace caer hasta «la tierra».
La velada musical la completó la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» con una selección de fragmentos de zarzuela que permitieron contemplar a la formación, dirigida por Miguel Ángel Campos, en otro formato de concierto. Gracia y versatilidad en los ritmos para una formación heterogénea que destacó en piezas como «Aunque soy de La Mancha», incluida en «Pan y toros»; «Cumplido para bien», de «Marina», o «Las murmuraciones», de «El dúo de la Africana». Para poner el broche de oro Nebot volvió al escenario para clausurar una velada vocal dinámica y con perspectiva.