Marta PÉREZ
Elena Miguel tiene 84 años y desde el pasado mes de agosto no pisa la calle. Se lo impiden un juanete monumental y los ciento siete escalones que tiene que recorrer desde la calle al quinto piso donde vive de alquiler, en el número 19 de la calle Cervantes, donde se ubicaba la discoteca La Real. El pasado agosto el ascensor dejó de funcionar y la propiedad del inmueble no lo ha arreglado. Los inquilinos de los tres pisos que quedan habitados en el edificio, en el caso de Elena desde la década de los cuarenta, aseguran que están sufriendo una situación de «acoso inmobiliario» y que el del ascensor es sólo el último capítulo de una larga lista de agravios: el portero automático no funciona, suciedad en el portal, ventanas rotas o desconchados en techos y paredes.
En el sexto, el panorama no pinta mucho mejor. Teresa Álvarez, con síndrome de Down, abandonó este verano el domicilio familiar, porque, sin ascensor, tampoco podía llegar a la calle. Ella y su madre se han ido a vivir a casa de sus abuelos en Salinas. En la calle Cervantes se han quedado su padre y una hermana que lamenta «ver a la familia separada».
En el primero vive María del Carmen Lobo, viuda de 76 años. Tiene miedo a salir a la terraza de su casa porque, cuando hace viento, las ventanas de los pisos superiores se golpean y caen los cristales.
El propietario del edificio, Secundino Zapico, niega rotundamente que esté sometiendo a los vecinos a un acoso inmobiliario. Explica que está en posesión de un informe redactado por el arquitecto Felipe Díaz de Miranda que obliga a la rehabilitación del edificio, y que no se puede hacer con los inquilinos dentro. «No hay ningún arquitecto que me lo firme con gente viviendo», explica. Asegura, además, que les ofrece una indemnización de 60.000 euros por abandonar los pisos, o bien, pagarles un alquiler en la misma calle mientras dure la reforma, con derecho a que después puedan retornar. «El problema es económico, una falta de entendimiento por no llegar a un acuerdo económico», asegura. También sostiene que su intención es rehabilitar el edificio para mejorar las viviendas, que volvería a alquilar.
Mientras, los vecinos han formulado numerosas denuncias de la situación, ante el Ayuntamiento de Oviedo, la Consejería de Vivienda y también en el Juzgado, según aseguran. «El jueves el Ayuntamiento vendrá a limpiar la basura que hay en el interior de lo que era La Real -que comunica con el portal del edificio- porque hemos visto hasta ratas», asegura Ramón Oporto, del quinto. Su padre, con el mismo nombre, sostiene que «para los años que me quedan, sólo quiero vivir tranquilo en la que siempre fue mi casa».