VIRGINIA PALACIOS
SECRETARIA GENERAL DE CC OO DE OVIEDO LUISMA MURIAS
Nos están tomando el pelo. Ninguno de los representantes de los poderes públicos con competencia en la materia ha demostrado la más mínima sensibilidad ni la voluntad de afrontar el asunto. Cada cual marcando el terreno de su inoperancia; cada uno acusando al otro de sus propias faltas: Ministerio de Cultura, Consejería, Ayuntamientos e Iglesia están dispuestos a seguir con su diálogo de sordos, mientras que los monumentos del Prerrománico asturiano (los nuestros, los declarados «patrimonio de la humanidad») perecen día a día de humedad, maleza y abandono (de ignorancia supina, que viene a ser lo mismo).
Cualquier país estaría orgulloso de poseer un patrimonio con 1.200 años de antigüedad, tan genuino como éste y, a buen seguro, dedicaría todo el esfuerzo y recursos necesarios para su conservación y legado a las generaciones futuras.
Aquí no. Cual nuevo burgués hortera, dejamos que lo «viejo» se apolille en el desván, mientras que edificios, mobiliario y arte de dudoso gusto inundan nuestros espacios cívicos.
Usamos los monumentos como reclamo turístico al tiempo que los condenamos a la desidia más pertinaz. Eso cuando no estamos empeñados en destruirlos directamente.
¿O es que nadie tiene la valentía de llamar a las cosas por su nombre y denunciar que tanto la losa como el «scalextric» previstos para Santullano serán la puntilla de muerte para un enfermo crónico?
No hay recursos para el Prerrománico, pero la irracional obra de soterramiento de la autopista (¿una autopista a 500 metros del Campoamor?) tiene asignada una «cantidad indecente de dinero», como alguien la calificó.
Desde CC OO de Oviedo exigimos respeto hacia nuestros monumentos y lo que significan para Oviedo, para Asturias y para la cultura e historia universales.
Párense las agresiones previstas, actúese de urgencia sobre el deterioro evidente, retómese el plan director encargado en su momento por el Principado, asuma cada parte implicada su responsabilidad en el asunto y pónganse manos a la obra: los monumentos no pueden aguantar enfermos ni un día más mientras los médicos discuten al pie de la cama quién debe firmar el acta de defunción.