P. GALLEGO
Oviedo es una ciudad de iglesias. Edificios religiosos, desde el palacio arzobispal hasta la Catedral o las iglesias de San Isidoro o Santo Domingo, que presiden casi cada plaza pública del casco histórico ovetense; pero hace 800 años la capital asturiana era un núcleo multicultural en el que la comunidad judía ocupó un destacado lugar. Un olvido de siglos contra el que luchan los hebreos que habitan en el Principado. Judíos del siglo XXI que hoy, en las vísperas del día designado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), mantienen viva la memoria de las víctimas del Holocausto.
En el Oviedo actual poco queda del legado hebraico que marcó la urbe comercial del siglo XIII, época que condensó el período de máximo esplendor de la judería en Oviedo y que, más de ocho siglos después, resiste a duras penas el paso del tiempo. A esa lucha contra el reloj ayuda el trabajo de quienes se reúnen en La Casina del Fontán, cedida hace once años por el Ayuntamiento de Oviedo, punto de encuentro hebreo en la ciudad.
La conmemoración de las víctimas de la Shoá, del Holocausto, tiene hoy un lugar, el teatro Filarmónica, y un contenido, la obra «Los dilemas del profesor Heyman», escrita por Nicolás Paz, que representa esta mañana el grupo «Tarbut Teatro»; pero fuera de este edificio las huellas hebreas discurren por otras calles, dentro de los límites impuestos por las Ordenanzas de Oviedo de 1274, un documento que establece un barrio específico en el que debían habitar los judíos, el de Socastiello. Desde la Puerta del Castillo -lugar ocupado hoy por el edificio de Telefónica en la plaza de Porlier- hasta la Puerta Nueva, situada, según documentos de la época, en la calle Cimadevilla, «un lugar del que hoy nada queda», como subraya la comunidad judía en el Principado.
Para seguir esta ruta, el Ayuntamiento de Oviedo editó una guía de audio -disponible en mp3 en la página web y las oficinas de Turismo- que marca una ruta por la judería ovetense desde La Casina y el Edificio Histórico de la Universidad, y que sigue después por la plaza de la Constitución, a los pies del edificio del Consistorio.
Atravesando el arco, el visitante llega por la calle de los Huevos a Trascorrales, donde se cree estaban las carnicerías donde los hebreos compraban la carne «kosher», de reses sacrificadas y tratadas al modo judío. Desde allí, el antiguo Oviedo intramuros continúa hasta la plaza de la Catedral, que con la casa de la Rúa, única superviviente, según la guía, del incendio de 1521, da pistas sobre cómo pudo ser el aspecto del Oviedo judío, una ciudad previa al despegue católico que logró expulsar de España a los judíos. Un pueblo que hoy, entre las diez y media de la mañana y la una del mediodía, se suma al homenaje internacional en memoria de los judíos exterminados en el Holocausto.