Ch. NEIRA
Nada nuevo. El enfrentamiento entre Ayuntamiento y Principado por la luz verde a un proyecto para instalar un bar musical en la esquina entre la calle Las Huertas y la plaza de Foncalada, frente a la fuente, en el área protegida de este monumento, que es Bien de Interés Cultural y Patrimonio Mundial de la UNESCO, representa para los expertos un ejemplo más del habitual abandono que ha sufrido siempre este conjunto. Arqueólogos, historiadores o arquitectos ven en Foncalada un problema de difícil solución si no se toman medidas drásticas.
El arqueólogo Rogelio Estrada considera negativo permitir el uso de bar musical para un bajo en el entorno de Foncalada, aunque razona que son cuestiones de normativa las que dan lugar a estas situaciones, «porque la ley no puede contemplarlo todo». «No parece que ése sea el uso más apropiado», razona, «pero lo que es una verdadera pena es que ese edificio siga ahí y no se haya planteado la recuperación total del monumento». Estrada defiende la expropiación y la excavación. «La prolongación del estanque está debajo del edificio, ahí todavía se conservan restos del monumento, que están sin desenterrar. El debate, al margen de cuestiones de normativa, es ése: recupérese íntegramente el monumento, cualquiera puede apreciar cómo los grandes bloques penetran debajo del talud. Así sabríamos lo que ocupa el conjunto del estanque de delante de la fuente, tendríamos el monumento íntegro. Sabríamos si cerraba o no. Veríamos cómo remataba el monumento. Porque a día de hoy Foncalada todavía sigue siendo uno de los monumentos más enigmáticos que tenemos». Al margen de esta reivindicación, Rogelio Estrada admite que «en el caso de que la normativa ampare este uso, está claro que chirría. En ese caso, debería modificarse. Pero no de forma coyuntural. Hay que pensar en el futuro y evitar que se plantee algo similar en el entorno de otro monumento».
La catedrática de Arqueología Carmen Fernández Ochoa deja claro que su opinión sólo puede ser «superficial» al ignorar los detalles de la polémica, pero admite que el «problema no es nuevo», y que en más lugares y en más ocasiones se ha encontrado con estas incompatibilidades entre tipos de local y entornos de protección. «En general», detalla Fernández Ochoa, «hay una ley que es la que se aplica, que dice que siempre que se traspase el subsuelo hay que aplicar los estudios arqueológicos. Si no es así, o a no ser que se toque un edificio histórico, Patrimonio no tiene nada que decir». Aunque parece que el acondicionamiento de un bajo no requiere este tipo de medidas, Fernández Ochoa señala que depende de la interpretación de las reformas y de la respuesta a la pregunta de «¿cuándo se toca el subsuelo?». Meter un cable podría ser considerado, desde este punto de vista, motivo suficiente para detener unas obras y realizar estudios arqueológicos. Por otra parte, la arqueóloga entiende que las leyes de protección de los bienes de interés cultural, para preservar el patrimonio, no pueden llegar a ordenar todos los aspectos de la vida. «El paisaje urbano y la vida cotidiana exceden un poco lo que puede contemplar el ámbito de las leyes generales de Patrimonio. A no ser que se den leyes concretas para este tipo de casos. Es una polémica recurrente, no es la primera ni la última vez que sucederá».
«Es una pena que ese edificio siga ahí y no se haya recuperado todo el conjunto»
Rogelio Estrada
Arqueólogo
«El paisaje urbano y la vida cotidiana exceden el ámbito de las leyes de Patrimonio»
Carmen Fernández Ochoa
Catedrática de Arqueología
«Foncalada es arma arrojadiza para otros intereses, lleva sucia años y nadie protestó»
Pilar García Cuetos
Profesora de Historia del Arte
«La fuente ahora es un objeto extraño en su entorno, habría que expropiar y museizarla»
Fernando Nanclares
Arquitecto