Javier NEIRA
Manuel Valencia, notario de Pola de Siero, se jubila después de 40 años de profesión, treinta de ellos en la capital sierense. Nacido en Cheles -Olivenza, provincia de Badajoz y frontera con Portugal- considera que los polesos están marcados muy positivamente por más de siete siglos de mercado, apoya sus opiniones en citas de autores clásicos, considera que la libertad es el gran agente histórico y está dispuesto a trabajar como jubilado tanto o más que antes.
-¿Cuántas veces ha dado fe?
-Son cuarenta años...
-¿Miles?
-Aquí, en Pola de Siero, ha habido años de 4.000.
-¿Nunca le han entrado dudas como puede ocurrirle a un juez?
-Las potestades son de la autoridad política y del poder judicial. Sólo compartimos con los jueces el juicio de capacidad. Ahí cabe el error. Hay que cerciorarse mucho. Me ha sacado canas. Pero nunca le dije a alguien que no estaba capacitado; sí a su familia.
-¿Ha tenido que vérselas con gente de mala fe?
-Nunca. Sí con equivocados que esperan que el notario fuese clemente.
-Recuerde algún caso.
-Un cliente de muchos años apareció una vez con su mujer y su hijo para otorgar un poder. Le dije al hijo que su padre no estaba capacitado. Iban a realizar una venta importante. Aparecieron meses después con todo preparado incluso el banco. Negué el otorgamiento y, claro, tuve que aguantar las invectivas del comprador. Pero no fue cosa de mala fe.
-Algunos notarios dicen que lo más difícil del oficio es describir.
-Sí, las actas de presencia. Ahora es más fácil con las fotografías. En su día a un compañero le requirieron para levantar acta de las vacas de un establo, ¡con pelos y señales!
-¿Cómo son los sierenses?
-Sólo puedo tener palabras de alabanza. Son vecinos de uno de los mercados más importantes de Europa y del mundo. Fue elegido como tal por la carta de Alfonso X el Sabio pero ya existía antes. Más de 700 años de mercado no pasan en balde, imprimen carácter. El sierense, el poleso, por vivir en una villa de mercado, es tolerante, generoso, hospitalario y liberal. La tradicional robla, el apretón de manos de los viejos tratantes, vale más que una escritura.
-El cambio en 30 años ha sido enorme.
-La crónica de su desarrollo está escrita en la notaría.
-Por ejemplo.
-Barrios enteros como la Isla y la Llosa de Boladro y, en el concejo, la urbanización de La Fresneda, de la que fui padrino de bautizo pues nació en esta notaría. Se hicieron las cosas bien, ahí está la evidencia.
-¿Y las crisis?
-En los ochenta, todos los concejos asturianos se pararon o sumergieron salvo Piedras Blancas y Siero.
-Según Pla, el Ampurdán lo hizo el notario de Figueras.
-Sí, el padre de Dalí.
-Le veo muy puesto en el tema.
-Aquí detrás hay una reproducción del Cristo de Dalí que es el de San Juan de la Cruz, el místico más importante de la cristiandad y el poeta más fino que asimismo era dibujante y tuvo esta visión que inspiró a Dalí.
-Está pintado desde la perspectiva de Dios.
-Se le relaciona con Teilhard de Chardin.
-Con el punto omega.
-Una evolución que regresa y termina en Cristo. Fue un regalo de bodas y está ahí desde que firmé mi primera escritura.
-Volviendo a Pla, ¿el notario organiza el espacio?
-El Código Civil es un texto de libertad. Las modificaciones son producto de la libertad. El notario es garante pero la libertad es la cuestión. Ya dijo Wittgenstein que los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.
-El Derecho europeo...
-No hay. El único Derecho europeo que existió es el Derecho romano que, además, es universal. El ius gentium, el Derecho común que se dijo después. Ha llegado hasta el Japón y ahora China estudia instituciones como el notariado o el registro de la propiedad. Una superestructura como el Derecho romano no ha existido jamás. Ahora hay directivas de Bruselas, importantes, pero concretas. No hay un Derecho europeo.
-Para un notario, Wittgenstein es importante porque trabaja con el lenguaje y la lógica.
-Hay tres preceptos clave, en la línea de Ulpiano, el jurista romano: vivir honestamente, no hacer daño a nadie y dar a cada uno lo suyo. Y otros tres del notariado: verdad en el concepto, propiedad en el lenguaje y severidad en la forma.
-¿Y ahora qué?
-Pues me voy a reenganchar. El Colegio notarial tiene magníficas actividades y además mis relaciones con la parroquia son estrechísimas y ahí hay mucho que hacer. Voy a seguir con agenda rigurosa, con horarios y compromisos.
-Y Pla y Wittgenstein...
-También, claro.