P. G.
Educar para reducir los dominios de la exclusión social y de la pobreza. Éstos son los objetivos de la organización no gubernamental (ONG) Entreculturas. Nacida en el seno de la Compañía de Jesús en España, su director, el jesuita Agustín Alonso, visita hoy Oviedo para dar a conocer una labor que, según Alonso, ha puesto en marcha 2.700 escuelas entre Latinoamérica y el Chad, en África. La cita, esta tarde a las 20.00 horas, en el salón Padre Arrupe, situado en un lateral de la iglesia de las Salesas. Allí, Alonso hará referencia a la educación como «clave para reducir la vulnerabilidad ante la pobreza». Una condición por la que, según Entreculturas, «más de cien millones de niños pierden el derecho a una educación que los ayude a alcanzar una vida digna». Una ONG con acción, como apunta Alonso, «en el Sur y en el Norte».
-¿Por qué esa diferencia?
-Nuestra intención en el Sur no es otra que atender a todo el mundo, en colaboración con el Servicio Jesuita a Refugiados. Trabajamos en África, Colombia y Haití.
-¿Y en el Norte?
-Educación para el desarrollo, con redes solidarias de jóvenes en más de cien centros que suman, más o menos, 2.000 alumnos.
-¿Cuántos en Asturias?
-Si tenemos en cuenta que en España tenemos siete redes, una de ellas en el Principado, entre Gijón y Oviedo, divida por siete.
-¿Es difícil llegar a implicar a los jóvenes en proyectos como éste?
-A los jóvenes, en cuanto se les propone formar parte de una causa noble, en seguida responden. Su sensibilidad ante otros jóvenes como ellos que, en otras partes del mundo, no pueden hacer las cosas que ellos hacen, ni siquiera ir a clase, es muy grande.
-¿Llegan más allá de los muros de sus colegios?
-Entreculturas no sólo funciona en colegios de la Compañía de Jesús, también llega a otros centros públicos que participan de nuestras actividades. Incluso, ocho comunidades autónomas financian a un educador para que fomente estas redes sociales y anime a los jóvenes a participar en actividades juveniles y promover la sensibilidad ciudadana.
-¿La educación formal se confirma como la clave en la lucha contra la pobreza desde la base?
-Y no sólo la formal. Fe y Alegría, el área de Entreculturas dedicada a América Latina, atiende a 1,2 millones de personas, y sólo la mitad sigue programas de educación formal. La otra mitad participa en programas de promoción social. En 17 países de América Latina y el Chad, en África, están en funcionamiento 2.700 centros escolares.
-Ustedes aseguran que Entreculturas recoge un rasgo fundamental en la labor de la Compañía de Jesús, que es «ir a las fronteras». ¿En qué consiste esta idea?
-Ir a las fronteras consiste en llegar más allá del borde del asfalto, como nosotros decimos. Ir allí donde no llegan otros. Para nosotros, la frontera es el espacio donde nadie llega y donde se puede dar un servicio. El diálogo con los sistemas públicos sirve para mejorar la educación que se da allí donde termina el asfalto.
-En Haití tendrán mucho trabajo.
-Muchísimo. A través de Fe y Alegría hemos montado ya siete campamentos de desplazados, además de continuar con nuestra labor de apoyo a los maestros de la zona. Otra de las actividades que hemos comenzado a desarrollar es la enseñanza de oficios como el de albañil o el de carpintero, todos aquellos que puedan contribuir a la reconstrucción del país.