PABLO GALLEGO
En 2016, una ciudad española será capital europea de la cultura. Y en la carrera para ser esa ciudad, Asturias ha demostrado que maneja con soltura todos los valores contrarios a la idea de unión que inspiró, en 1985, la creación por el Consejo de la entonces Comunidad Europea (CE) del título de Ciudad Europea de la Cultura. Un reconocimiento a aquellas urbes con un «especial carácter, historia y vida cultural» para que compartan su riqueza y diversidad con el resto de los europeos.
Hasta hace poco más de un mes, el grupo de tres ciudades «candidatas» -Oviedo, Gijón y Aviles- aún trabajaba junto al Principado en la candidatura conjunta a la capitalidad. Juntas, pero no revueltas, porque la triple decisión de Cultura incumplía las bases del programa organizado por la Comisión y el Parlamento europeos. Había precedentes de éxito con una propuesta metropolitana pero, en marzo de 2009, el Ministerio aconsejó que una sola ciudad fuese la cabeza visible. De puertas para adentro y sin que el asunto trascendiese, se acordó que Oviedo fuese la líder del proyecto.
Según fuentes próximas a la candidatura, la capital asturiana fue en realidad la primera elección a la hora de analizar, en junio de 2008, las opciones asturianas a la capitalidad, bajo el «gobierno cultural» de la anterior consejera, Encarna Rodríguez. Gijón y Avilés vinieron detrás, de la mano de los proyectos estrella del Gobierno de Vicente Álvarez Areces: la Laboral y el Centro Cultural Niemeyer. Dos ciudades contra la capital. Pero «sin Oviedo, el proyecto no tenía sentido», apuntan las mismas fuentes, y la «tríada» -como despectivamente denominó a la candidatura el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo- echó a andar.
Desde entonces y hasta hace un mes -a excepción de «La Noche Blanca» del 3 de octubre- poco más se supo del proyecto. Nada hasta que el 17 de febrero el alcalde ovetense rompía el frágil consenso logrado entre las tres ciudades para anunciar que Oviedo no estaba dispuesta a encabezar un proyecto «fracasado y desacreditado». En sus declaraciones, De Lorenzo demostraba desconocer el nuevo rumbo de la candidatura. Todo porque, según el viceconsejero, Jorge Fernández León, el concejal ovetense, José Suárez Árias-Cachero, sabía y aceptaba que era Oviedo quien debía tirar del carro bajo el control del Principado. Pero su alcalde no.
Esta historia se escribe con los términos que habitualmente se dedican las administraciones públicas del PP y el PSOE en Asturias. Con zancadillas sistemáticas a los proyectos del otro. La Consejería, Gijón y Avilés acusaron a De Lorenzo de «despreciar» al mundo de la cultura por su desplante. La oposición municipal le tildaba de «descerebrado cultural», y las páginas web se llenaban de mensajes contrarios al abandono del proyecto. Dos días después, el regidor daba marcha atrás para afirmar que Oviedo «acepta encabezar la candidatura cultural, acompañada, con honor y orgullo, de Avilés y Gijón». Eso sí, matizó que lo hacía con «desconfianza absoluta», y pidió al Principado que concretase la propuesta por escrito. De esa petición salió un documento de diez páginas elaborado por una consultora externa para un proyecto titulado «Música, la lengua de Europa». Un plan sin fechas ni acciones concretas, igual que hasta ese momento, pero que contenía lo que sería el detonante de la explosión final del acuerdo: cada ciudad debía hacerse cargo de la financiación de sus actividades, y el Ayuntamiento de Oviedo debía crear una «empresa externa» para gestionar el proyecto.
El Alcalde sacó de nuevo el hacha de guerra contra el Principado por querer montar «un chiringuito» en la capital. Pero lo que tampoco sabía De Lorenzo es que, según el Principado, esa idea venía de su propia casa. El siguiente movimiento del regidor fue apartar a Arias-Cachero de la candidatura a la capitalidad, poner al frente al responsable de comunicación y desechar el modelo de gestión de la Consejería. Críticas que llegaron a Bruselas y a Madrid a través de la prensa nacional. Un día después, el Principado se apeaba de la capitalidad, con una declaración oficial en la que acusaba a De Lorenzo de «dinamitar» el proyecto.
Ahora, el Ayuntamiento de Oviedo se enfrenta en solitario a un sprint final en el que parecía no querer participar. Con el desafío añadido de ser capaz de ir más allá de la capitalidad de la discordia. Según fuentes del Ayuntamiento de Oviedo, la música y la emigración serán dos de los ejes del proyecto a la capitalidad cultural, a la que pueden unirse todos los concejos que lo deseen. Y tras el voto a favor de la nueva candidatura -Grupo Socialista incluido- en el Pleno extraordinario del viernes pasado, aún queda el examen de la Junta General del Principado. El presidente regional del partido, Ovidio Sánchez, será quien pida a los diputados el apoyo institucional a la candidatura. La respuesta es, hoy, una incógnita.