P. GALLEGO
Aunque la Unión Europea (UE) asegura que el trabajo previo a la candidatura supone «una oportunidad para analizar y refundar la visión de la ciudad, su territorio y sus alianzas», lo cierto es que el premio viene al final.
La UE, como impulsora del reconocimiento, aporta una contribución financiera a la ciudad seleccionada a través de su programa marco cultural. Pero el grueso de los beneficios de la capitalidad viene del turismo.
Bob Palmer, director de la capitalidad de Glasgow (Inglaterra) en 1990, fue el encargado de elaborar para la Unión un informe sobre el impacto del año cultural en cada una de las ciudades seleccionadas entre los años 1995 y 2004. Según el estudio, los resultados fueron espectaculares. No sólo a niveles turísticos, sino de imagen y económicos.
La última capital cultural española fue Salamanca, en 2002, y sus cifras hablan solas. El consorcio que gestionó la capitalidad charra dedicó al proyecto 39,1 millones de euros, y su inversión generó casi 800 millones de euros, de los que 532 se movieron en Castilla y León, según un estudio de la Universidad de Valladolid. La cultura es rentable.
Oviedo tendrá que competir con otras catorce ciudades si quiere emular las cifras logradas por Salamanca. Entre las competidoras, ciudades como Cáceres o Cuenca, que hace ya cuatro años comenzaron a trabajar en sus proyectos para la capitalidad.
A día de hoy, y aunque Asturias partía como favorita en las encuentas publicadas en internet, Córdoba, Santander y San Sebastián parecen las candidatas con más posibilidades. Incluso el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, expresó su apoyo a la ciudad andaluza.Y el Ejecutivo será quien decida qué cuatro ciudades pasan el primer corte, a finales de 2010.
Después quedarán dos años de trabajo antes de que la UE desvele qué ciudad española acompañará a otra polaca durante la capitalidad cultural europea de 2016.