Fallece a los 93 años Rafael Somoano, el histórico deán de la Catedral de Oviedo

Su funeral se celebra hoy, a las cinco de la tarde, en el templo ovetense y su cuerpo reposará en su Arriondas natal

04.05.2010 | 12:31

Chus NEIRA

Rafael Somoano Berdasco (Arriondas, 1916), el histórico custodio de la Catedral de Oviedo, de la que fue deán durante 22 años y en cuyo cabildo había ingresado en 1961, falleció en la tarde de ayer en al Casa Sacerdotal dicoesana de Oviedo a la edad de 93 años. Su funeral, presidido por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, se celebrará hoy a las cinco de la tarde en el mismo templo por el que se desvivió. Sus restos serán enterrados en el cementerio parroquial de Arriondas, su tierra natal, a la que pudo legar, antes de morir, hace sólo dos semanas, una majestuosa piedad en bronce, obra de Jesús Puras.

Aquel fue, quizá, el último sueño cumplido de Rafael Somoano, ver el ábside de su parroquia ensalzado con el altorelieve de Puras. Años antes, el deán emérito de la Catedral de Oviedo también pudo ver satisfechos otros anhelos, como fue, fundamentalmente, la transformación y restauración del templo ovetense. Hace algo menos de seis años, cuando la ciudad de Oviedo le dedicó una plaza en el barrio de las Campas y el sacerdocio asturiano le rindió homenaje, en diciembre de 2004, Rafael Somoano ya resumió con ese espíritu sus satisfacciones vitales. «Me siento orgulloso», dijo entonces, «de haber sido sacerdote, de mi familia, del Seminario y de haber sido deán durante 22 años, y de haber estado bajo la sombra de la Catedral, que cambió de piel completamente en los últimos años. Cuando era niño admiraba a la Iglesia de Asturias por sus valores religiosos e históricos; una parte de mi vocación siempre se vio imbuida de esos valores: la Cámara Santa, la Catedral, la monarquía asturiana. Son valores religiosos únicos y admirables».

Vinculado a la Universidad, institución de la que fue capellán entre 1950 y 1965, Somoano deja el recuerdo de un sacerdote de profunda vocación docente, de maneras exquisitas, formación clásica, retórica pulida, ceremonioso y enamorado hasta el alma de su iglesia y su Catedral.

Parragués de nacimiento, Rafael Somoano Berdasco, vino al mundo en el seno de una familia numerosa y devota. Con trece años, en 1929, ingresó en el Seminario de Valdediós, y fue testigo doloroso, por la pérdida de algunos de sus compañeros, de la Revolución de 1934 y la Guerra Civil.

Su formación prosigue en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1939-1942), donde se licencia en Teología. También en Roma, en la basílica de San Juan de Letrán, será ordenado sacerdote por el obispo Arce Ochotorena.

A su regreso a Asturias comienza su actividad docente, que ya no abandonaría hasta la jubilación, en 1987. Primero se incorporó al Seminario de Tapia de Casariego como profesor de Latín y Griego para pasar a continuación, en 1947, al de Oviedo, donde se encargó de las materias de Filosofía, Teodicea y Ética.

En los años cincuenta comienza su vínculo con la Universidad de Oviedo, donde cursa estudios de Derecho Civil que completará en Salamanca. En los años sesenta lee su tesis doctoral sobre la objeción de conciencia. En la Universidad de Oviedo también se encargará de la asignatura de Deontología Jurídica y Religión y se convertirá en capellán del colegio mayor Valdés Salas.

Su ingreso por oposición como Canónigo de la Catedral de Oviedo tiene lugar en 1961. Vinculado al templo ovetense seguirá toda su vida, y desde 1983 y hasta 2005 será el deán de la Catedral, el presidente del Cabildo.

Durante estos años reposa en su trabajo, esfuerzo y preocupaciones, la reforma más importante de la Catedral de los últimos años, con la rehabilitación de la torre gótica y el claustro. Hombre dialogante, equilibrado, de consenso, siempre se quitó de encima estos méritos de custodio fundamental del templo y prefirió agradecer a instituciones colaboradoras y a todo el Cabildo la histórica reforma de la Catedral de Oviedo.

Rafael Somoano Berdasco también desempeñó los cargos de Delegado Episcopal de Religiosas (1974-2004) y otros diversos en los Tribunales eclesiásticos (966-1988) y en la Adoración Nocturna.

El Papa Benedicto XVI le concedió en julio de 2005 la distinción de Protonotario Apostólico, el mayor rango eclesiástico después del episcopado.

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