23 de mayo de 2010
23.05.2010
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El sol reluce más bajo la carpa

Miles de personas llenaron ayer desde media mañana el recinto de la feria de La Ascensión en la Losa

23.05.2010 | 14:10
El artesano Miguel Alonso, a la derecha, en plena demostración práctica.

Ángel FIDALGO


«Ahora que no hay toros en La Ascensión, siempre hace sol. En este país va todo al revés». Se lo decía ayer un aficionado taurino a su amigo en el recinto ferial de la Losa, el otro inmediatamente hizo un cambio de muleta y centró la discusión en «lo mal que va el país». Todo esto mientras hacían cola para tomar una botella de sidra debajo del hórreo del Colectivo de Asociaciones de Valdesoto, donde los camareros no paraban de escanciar.


Sol y también mucho calor. La losa de la Renfe fue durante todo el día un hervidero de gente de todas las edades que hacían un recorrido completo por todas las carpas, que también servían para evitar el calor sofocante. Durante toda la jornada.


En la carpa de las actuaciones el incansable radiofonista Carlos Jeannot daba paso a cantantes de tonada y monologuista, como José Antonio Reguero, «El Maestro», que vestido de esquiador de los años sesenta explicada su primera experiencia con este deporte en Pajares, entre las carcajadas de los asistentes que abarrotaban el recinto.


Mientras tanto, en la carpa de artesanía Miguel Alonso se esmeraba en buscar las notas adecuadas de una gaita que estaba montando, ante el oído atento de numerosos curiosos, que con sus gestos parecían aprobar o desaprobar las notas que salían del puntero.


En la carpa de los quesos José Antonio Fernández y Ana Suárez, un matrimonio gallego que viajó a Oviedo para animar a su equipo, el Pontevedra, disfrutaba probando de todas las variedades asturianas. Se inclinaban por los de sabor más fuerte.


«Aunque los trocitos son muy pequeños de aquí vamos a salir ya comidos, porque están todos riquísimos», comentaba la mujer. La gran duda que tenían era si comprar un queso de Cabrales o de La Peral. «El que sea lo comeremos para celebrar el triunfo del Pontevedra», aventuraban esperanzados los aficionados.


En el quiosco del queso de Vidiago, Silvia Cueto y su madre María Luz Noriega, estaban animadas porque las ventas eran mejores que las del sábado, «que estuvo un poco flojo», comentaba la primera mientras destacaba las excelencias de este queso de Oriente, al tiempo que animaba a probarlo a las personas que se detenían ante el expositor.


«Mira hijo, cuando la trucha pique tienes que dar un tirón para que enganche bien, porque si no, vamos a estar aquí toda la mañana para nada». La lección de pesca la impartía Antonio Lorences a su hijo Adrián, de siete años, en el estanque donde se puede practicar la pesca sin muerte. El niño advertía a su progenitor que era la primera vez que cogía una caña, «y además igual no tienen hambre».


Mientras tanto el trío «J Recreo» comenzaba a cantar «De esa chica me enamoré ...» en el cenador de la carroza de Valdesoto, que reproduce una casa rural asturiana, mientras animaban a bailar a las parejas, que no se hicieron mucho de rogar, incluidos los integrantes del grupo folclórico y un figurante vestido de cura. Después de las cumbias llegó el turno de los pasodobles, que fueron igual de celebrados.


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