Pablo GALLEGO
Con permiso de Josefa Carril, «La torera» -una de las pocas fotógrafas minuteras que existieron en la capital asturiana-, Francisco Ruiz Tilve fue el fotógrafo de Oviedo. Con su cámara retrató gentes y rincones típicos de la ciudad. Instantáneas que se encontrarán de nuevo con los ovetenses en una exposición que se inaugurará el próximo septiembre.
La sala de exposiciones del edificio histórico de la Universidad de Oviedo es el lugar elegido por la concejalía de Cultura del Ayuntamiento para la muestra titulada «Fotografías de Francisco Ruiz Tilve». El comisario de la exposición, Francisco Crabifosse Cuesta -historiador de arte especializado en fotografía- ha sido el encargado de seleccionar las setenta y dos instantáneas que se expondrán entre todas las depositadas en la fototeca del Museo del Pueblo de Asturias, en Gijón.
Muchas de las fotografías de Tilve muestran paisajes tanto rurales como urbanos. Pero las que quizá despierten mayor interés son las que el fotógrafo dedicó a lugares clave de la ciudad de Oviedo, como el universo que, en la época, rodeaba a la plaza del Fontán.
El prólogo del catálogo de la muestra lleva la firma de Carmen Ruiz-Tilve, hija del fotógrafo -además de catedrática de didáctica de la Lengua y cronista oficial de Oviedo-, y según sus palabras, Asturias fue el «escenario imprescindible» para la forma de ser del Tilve delineante, primero dibujante -los trabajos que se conservan en esta disciplina quedaron recogidos en el libro «Oviedo dibujado»- y después fotógrafo.
Según la cronista oficial de la ciudad, « es difícil recordarlo sin sus cámaras al hombro, camino del monte o en el rincón urbano en trance de cambio». Una forma distinta de dejar constancia de la realidad y las peculiaridades de una ciudad en la que Tilve nació, creció como padre, esposo y artista, y murió.
La primera cámara fotográfica de Tilve fue, como rememora su hija, «de segunda mano, una antigua Kodak de fuelle», y después, una «Rolleicord réflex de doble objetivo», con la que captó buena parte de su producción fotográfica en blanco y negro, en la que hacía «todo».
La muestra con la que el Oviedo de hoy conocerá el Oviedo de Tilve -que sigue vivo en sus imágenes- mostrará todo lo que al autor le parecía interesante. «Así», narra su hija «las cosas y las personas quedaban atrapadas para siempre, sirviendo desde entonces, y especialmente ahora, con el paso de los años, de excepcional testigo para la conservación, y en conocimiento de nuestro propio patrimonio paisajístico, artístico y humano».