03 de mayo de 2012
03.05.2012

Aguirre: «Con una dosis de éxtasis, las terminales de las neuronas se mueren»

Para el investigador, la droga de síntesis es «como el Prozac pero a lo bestia»

03.03.2012 | 05:13

Carolina G. MENÉNDEZ


«Con una sola dosis de éxtasis, las terminales de las neuronas se mueren y, aunque el consumidor se sienta bien, su cerebro puede estar dañado», señaló Norberto Aguirre, profesor de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Navarra, durante la conferencia que ofreció en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA en un acto organizado en colaboración con Alumni Asturias-Universidad de Granada.


Bajo el título «El éxtasis, ¿sólo un placer? Todo sobre las drogas de diseño», el investigador en neurociencia hizo un repaso a la historia de esta droga de síntesis que cumple cien años. Fue el laboratorio Merck el que la sintetizó por primera vez, en 1912. Desde entonces, ha tenido una larga trayectoria. En los años cincuenta, la armada americana la utilizó en ensayos de toxicidad, en los sesenta tuvo una gran acogida entre la población hippy, más adelante la utilizaron los psiquiatras para conseguir la desinhibición de sus pacientes; en 1985 se descubrió que tenía efectos tóxicos en roedores, y en los noventa vivió un boom de consumo.


Los motivos que llevaron a su popularidad son, según puso de manifiesto Norberto Aguirre, su precio -«una pastilla cuesta entre 4,5 y 9 euros, así que cualquiera de nuestros hijos tiene dinero para conseguirla»-, fácil acceso -«en los colegios, todos los jóvenes saben dónde pillar»- y facilidad de consumo -«la meto en la boca y en media hora estoy puesto. Además, no pasa nada, a los dos días estoy bien», apuntó el experto reproduciendo las expresiones utilizadas por los jóvenes consumidores.


Sobre los efectos que produce, destacó que «el éxtasis pone. Da sensación de euforia, energía, desinhibición, aumenta la empatía... Es como el Prozac pero a lo bestia». Aunque paralelamente a estos efectos estimulantes se dan otros colaterales: más frecuencia cardiaca, tensión mandibular, sudores, sequedad de boca y subida de la temperatura corporal, entre otros. Pero las consecuencias más dañinas son los trastornos psiquiátricos y la neurotoxicidad, según se ha demostrado en diferentes animales. A pesar de sus desventajas, en Estados Unidos existe un grupo que defiende su uso terapéutico en trastornos postraumáticos.

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