23 de mayo de 2012
23.05.2012

Historias del pueblo

El periodista Eugenio de Rioja ultima el libro «Casalarreina», que profundiza en el origen de su tierra natal

23.03.2012 | 04:41
Eugenio de Rioja.

Ángel FIDALGO


«Casalarreina, luces y sombras» es el título del libro que está escribiendo el periodista y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA Eugenio de Rioja, que eligió su localidad natal de La Rioja para profundizar en su origen, «hasta ahora confuso», adelantó.


Se trata de un arduo trabajo de investigación que le llevó tres años, en los que analizó numerosa bibliografía e indagó en varios archivos hasta conseguir una detallada información. El veterano e histórico periodista -el 2 de junio cumplirá 90 años- está muy ilusionado «con mi primer y último libro», que espera que salga publicado precisamente en ese mes.


«En Casalarreina no había nada de rigor ni profundidad histórica y tiene muchos casos curiosos, empezando por el nombre, ya que comenzó llamándose Naharruri, que viene de tierra del agua», comentó el periodista.


Pero antes, añadió, en los años oscuros de la Edad Media, era un gran bosque en el que se refugiaban los que huían de la ley. Por tradición llamaban a este lugar Oso Sulo, continuó explicando Eugenio de Rioja, que por eso tituló el primer capítulo del libro «De la oscuridad a la luz». En los restantes narra los aspectos más singulares y curiosos de la población riojana. Sólo le queda por escribir el último capítulo del libro, que editará el Instituto de Estudios Riojanos.


De Rioja, demostrando una memoria prodigiosa y la enorme pasión que le despierta el tema, también comentó que en el siglo XVI el condestable de Castilla y segundo conde de Haro, Pedro Fernández de Velasco, al que le gustaba mucho el lugar donde se asienta la actual Casalarreina, comentó a sus hijos que era el lugar idóneo para construir un palacio dedicado a la reina, al que quería llamar Casa de la Reina.


Palacio que su hijo bastardo, el obispo Juan Fernando de Velasco, terminó convirtiendo en sede episcopal. También financió la construcción del actual monasterio de La Piedad, que inicialmente acogería a monjas franciscanas y que terminaría siendo de las dominicas al fallecer el obispo. Como curiosidad, explicó De Rioja, en sus muros aún conserva signos franciscanos. Estos datos ampliados y una infinidad de otros más son los que recogerá esta publicación.

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