la ciudad y los días

Pobrezas de antes y ahora

Oviedo consiguió hace un siglo erradicar la mendicidad

27.03.2012 | 05:25
Pobrezas de antes y ahora
Pobrezas de antes y ahora

Para nadie es un secreto que la crisis actual afecta con crudeza a los sectores más débiles de la sociedad. Leo que en España hay un tercio de hogares con problemas económicos y que junto a Letonia y Rumanía tenemos la mayor tasa de pobreza en Europa, lo que aboca con frecuencia a la mendicidad y a la delincuencia. Por eso, las organizaciones de voluntariado social, confesionales o no y en primera línea de una dramática realidad, están desbordadas por las demandas de ayuda.


Estos días ha sido noticia la respuesta en Oviedo de las asociaciones agrupadas en OEIS, que atienden a 70.000 personas (Cáritas, Cruz Roja, Vinjoy, Accem, Proyecto Hombre, Secretariado Gitano, Siloé), ante el sustancial recorte de un 20 por ciento previsto en las subvenciones oficiales, que pone en peligro el sostenimiento de algunos de sus programas.


Cáritas Asturias, por ejemplo, con dos mil voluntarios, que necesitaría más del doble, asiste a 40.000 personas y 9.000 familias en situaciones de infortunio. Las necesidades van desde las carencias en comida, ropa y cobijo hasta las derivadas de problemas de salud, hipotecas, papeleos y menesterosidades varias a las que atienden, aparte de las asociaciones no confesionales, Cáritas y toda una batería de iniciativas, casi todas a la sombra de la Iglesia católica, que se mantienen sobre todo con donaciones privadas. Personas de cualquier credo, ideología, raza o procedencia saben que en ellas pueden solicitar ayuda, pero no a las puertas de los sindicatos.


¿Fue siempre así? No. La posguerra fue dura. Hubo también tiempos en los que no se veían mendigos en las calles. A principios del siglo pasado no había seguridad social, pero sí familias depauperadas y obreros sin trabajo. Nacía entonces (1904) la Asociación Ovetense de Caridad, una entidad privada que se sostenía con el patrocinio municipal, las cuotas de sus socios, donativos, subvenciones y la explotación del alquiler de sillas plegables en parques y paseos.


Tan eficaz fue su gestión que al año siguiente un diario madrileño publicaba un amplio reportaje con este título: «Oviedo, ciudad sin pobres». Entonces la pobreza era igual a mendicidad. A la vista de tan grata noticia, la Asociación cantaba victoria: «La mendicidad es signo negativo de civilización, por eso Oviedo, culto y caritativo, la ha desterrado».


Como no podía ser de otro modo, resurgieron los problemas: ancianos, huérfanos, transeúntes, minusválidos? Cada época tiene sus características y las precariedades humanas de hoy son diferentes. Aunque no demasiado, si bien se mira. El ser humano sigue siendo el mismo y a veces parece que regresamos al siglo XIX.

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