El Otero

Vida de perros

La lealtad de los mejores amigos del hombre

19.06.2013 | 03:28
Vida de perros
Vida de perros

Recibí, no hace mucho, una simpática viñeta (esto de contar viñetas es como decir a qué sabe el vino, pero bueno) en la que se veía a un hombre adulto ante la presencia de Dios en un cielo de nubes y un perro correteando alegre hacia él, mientras Dios le dice: «¿Así que tú eres el pequeño Robert? Pues bien, "Huesos" ha estado hablando de ti en todo momento en los últimos 50 años», y al pie de la viñeta ponía: «Perros. Te esperarán hasta en las puertas más lejanas.» Todo el que haya tenido o conviva con un perro entenderá muy bien el sentido de esta ilustración. Decía Kafka que «todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro». Y es que hay que tener un perro para comprobar que la lealtad, la fidelidad, el cariño más sincero y sin contrapartida, concurren en estos bichos de cuatro patas. Da igual a qué hora llegues, cómo llegues de cansado o malhumorado; él siempre saltará alegre y se postrará a tus pies esperando, paciente, tan solo una caricia. Nunca olvidaré, aunque viva mil años, en el momento del fallecimiento de mi padre, el llanto de Toby. Sí, sí, digo bien: llanto.


Nombres en subrayado de la vida pasada son Bull, Jaime, Cuqui y Xana. Y en el presente, Roy, claro, compañero de andanzas naranquinas.


Viene esto a cuento porque el otro día pensaba en que no entiendo muy bien eso de «vida de perros». Claro que hay perros abandonados y maltratados -que se lo pregunten a mi amigo Froilán Neira- pero no voy a eso; voy a lo que refería antes de las cualidades del perro. Horacio Guarany, cantautor argentino que puso banda sonora a buena parte de mi juventud, cantaba: «Si el hombre se vuelve malo, al hombre lo llaman perro; qué ofensa para mi perro compararlo a gente mala». Por eso no me parece correcto el paralelismo entre una vida desdichada o un ser ruin y los perros. E injusto. Porque igual habría que decir: ¡qué vida de humanos!


Teniendo en cuenta que la mayor parte de la población mundial está en la pobreza, que, según el Programa Mundial de Alimentos, uno de cada seis habitantes del planeta pasa hambre -¡870 millones de seres humanos!- y que el INE sitúa a una de cada cinco personas en situación de pobreza en España, muchos humanos quisieran vivir como viven muchos perros.


Los datos de paro en Oviedo siguen dando cifras que son más mucho más que un mero número: 21.378 ovetenses siguen sin poder trabajar, mil más que el año pasado.


Cáritas, en su memoria de 2012, también muestra datos elocuentes sobre Oviedo: 2.428 familias atendidas, cuatrocientas más que en 2011. 7.428 personas que se acercaron a esta «hoguera de luz y calor» que es Cáritas en Oviedo.


La memoria de la concejalía de Servicios Sociales nos estrella ante otra dolorosa realidad: diez mil ovetenses, especialmente con nombre de mujer, han tenido que pedir ayuda a estos servicios municipales.


Cada vez son más los que rumian angustia, dolor, miseria e incertidumbre. Personas concretas con problemas concretos, que son mucho más que números en una estadística.


Hablar es fácil, actuar más complejo, pero mal iremos como sociedad si no tenemos claro que es urgente encontrar la forma de devolver a estas personas la ilusión, la dignidad, el futuro que injustamente se les ha robado. Y cada uno tendremos que hallar la manera de contribuir, en función de nuestras posibilidades, a mitigar esta injusta e inmerecida situación.


Por eso me parece inadecuado lo de «vida de perros»: porque mientras haya un solo hombre que viva peor que mi perro, al menos yo no lo volveré a decir.

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