Vidas «echadas al monte»

Esperanza Martínez y Francisco Martínez contaron en Trascorrales sus experiencias como guerrilleros

11.09.2013 | 02:05
Francisco Martínez, «Quico», y Esperanza Martínez, «Sole», ayer, en Trascorrales.
Francisco Martínez, «Quico», y Esperanza Martínez, «Sole», ayer, en Trascorrales.

Ángel FIDALGO


Eran aún niños cuando se implicaron en el movimiento guerrillero tras la Guerra Civil. Esperanza Martínez, «Sole», y Francisco Martínez, «Quico», pasaron la adolescencia y parte de la juventud defendiendo sus ideales, los de la República, hasta el inicio de los años cincuenta del pasado siglo, cuando lograron escapar a Francia. Ayer estuvieron en Oviedo para participar en una mesa redonda enmarcada dentro de la exposición fotográfica que sobre los guerrilleros asturianos se puede ver en Trascorrales hasta el día 15.


Los dos guerrilleros evocaron ayer para LA NUEVA ESPAÑA su azarosa, peligrosa e intensa vida en defensa de una causa que entonces perdieron, pero que, aseguran, confían en ganar algún día.


Esperanza Martínez García, «Sole», nació en un caserío a quince kilómetros de Cuenca en el año 1927. Con 9 años la cogió la Guerra Civil. De familia de izquierdas, sintió la represión de la posguerra muy de cerca. «Mi padre continuó entonces la lucha como podía, que era ayudando a la guerrilla, al margen de sus cinco hijas, porque no nos quería comprometer, pero terminamos por descubrirlo, y en ese momento me dediqué a esta causa».


Al principio, los guerrilleros acudían a su casa en busca de alimentos, y después comenzaron a ir para que les hicieran ropa y también para esconderse. Con 19 años, a finales de 1949, Sole decidió implicarse de lleno con la guerrilla, y no dudó en sumarse a ella con la aprobación de su padre.


Durante dos años vivió en el monte, de campamento en campamento para no ser localizados. En uno de ellos tuvo un enfrentamiento con la Guardia Civil, pero escaparon como pudieron mientras les llovían los disparos. «Al final, y tras un día escondidos debajo de unos romeros, logramos escapar durante la noche». A finales de 1951 logró pasar a Francia cruzando los Pirineos andando.


Francisco Martínez López, «Quico» (El Bierzo 1925), fue otro niño de la guerrilla. «Empecé siendo enlace de los guerrilleros, un mensajero para llevarlos a las casas o a los montes, para que se escondieran». Dice que ésa fue su educación y su formación. También contactaba con las personas que les daban armas.


¿Cuando sintió que su vida corría verdadero peligro? «A los ocho días de entrar en la guerrilla tuve el primer enfrentamiento con la Guardia Civil, cerca de Barco de Valdeorras, y nos liamos a tiros. Un guardia civil resultó muerto y otro herido; a nosotros no nos pasó nada». Después, pasando por un monte de Lugo a León, llegaron a un pueblo donde los escondieron, pero alguien los traicionó. «Cuando llegamos a casa del Alcalde para comer nos recibieron a tiros, pero logramos salvarnos por los pelos».


Después, en febrero de 1949, tenían una cita en el Bierzo con compañeros de la guerrilla, «pero alguno nos traicionó otra vez. La Guardia Civil nos esperó y mataron a dos compañeros y a mí me hirieron. Al final logramos escapar». La última escaramuza y en la que más temió por su vida fue dos años después. «Cuatro compañeros estuvimos catorce horas cercados en una casa por un gran número de guardas civiles, donde sólo nos salvó la suerte. Por la noche logramos escapar aún no sé cómo». Son sólo dos historias; en Trascorrales hay muchas más.

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