Sacerdote secularizado

El movimiento del banquillo sacerdotal asturiano

Sobre los cambios de curas en 139 parroquias de la región

01.08.2015 | 05:09
El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, durante una ordenación sacerdotal en la Catedral.

El viernes 3 de julio apareció en LA NUEVA ESPAÑA el cambio de sacerdotes para 139 parroquias. Entre los cambios están cuatro sacerdotes ordenados el 4 de mayo. A Carlos Alberto Aldave el prelado don Jesús (Sanz Montes) le encomienda 17 parroquias en el Suroccidente. Para cualquier cristiana militante esto es una barbaridad. ¿Las causas? Entre otras, que ahora no vienen al caso, está la falta de sacerdotes. Muchos consideran que estamos pasando por la crisis más grave de la iglesia católica en el tercer milenio. Yo considero que es el mayor desafío que se le presenta al Papa Francisco. La crisis de sacerdotes es equivalente a la crisis de vocaciones. El Seminario está prácticamente vacío. En muchas comunidades cristianas ya se están organizando liturgias dominicales por falta de presbíteros. Esto supone que ya no se celebra en las parroquias la Eucaristía. Se está recurriendo a la celebración de un acto sacramental. En la congregación para el culto divino ya hay un directorio para las celebraciones dominicales en ausencia de presbíteros. Esto es para nosotros una verdadera paradoja. En el plano pastoral, algunos fieles no saben distinguir la verdadera Eucaristía de una asamblea dominical con ausencia de presbítero. Si tenemos crisis de vocaciones, esto agrava todavía más la sequía vocacional. Si el pueblo fiel no echa en falta al sacerdote, es difícil que muchos jóvenes piensen que ese compromiso sea posible para ellos.

Cuando don Gabino (Díaz Merchán) estaba todavía en activo quiso poner en marcha la concentración parroquial, lo que ahora se llama las UPAP (Unidades Parroquiales de Acción Pastoral). La jubilación de don Gabino, por cosas un poco extrañas, dejó en suspenso la idea hace ya unos quince años. Según ciertas corrientes, estorbaba en Roma especialmente por dos cosas: las huelgas de los mineros, a quienes siempre defendió, y la secularización de muchos sacerdotes a quienes atendió, incluso nombrando a unos profesores de Religión y a otros económicamente en la medida que él podía. Siendo obispo de Asturias don Carlos Osoro el año 2008 se hizo público el decreto de la constitución de las UPAP que tenía por objeto que si antes la parroquia era la unidad básica, ahora debería serlo en un conjunto de parroquias.

Asturias posee casi mil parroquias, concretamente, 933 templos y lugares de culto. El anuario Pontificio de 2014 nos indica que en Asturias hay 1.077.000 personas bautizadas y que somos católicos (¿de nombre?) el 98,6 por ciento. Algunos sacerdotes, ya jubilados, prolongan su actividad pastoral cuanto sea posible. Hay también unos cien sacerdotes de congregaciones religiosas que trabajan en la diócesis, casi exclusivamente en las parroquias de las ciudades (Avilés, Gijón, Mieres y Oviedo), y no van a los pueblos, apoyándose en que tienen que vivir en comunidad, "tres faciunt colegium". Así tenemos que estos sacerdotes religiosos hacen su labor, en exclusiva, en los centros antes mencionados. Los curas a los pueblos y los religiosos a hacer pastoral en las ciudades. Todavía hoy no he encontrado un caso en el que el arzobispo don Jesús, franciscano, nombre religiosos para atender pastoralmente parroquias en los pueblos. Tenemos ahora una excepción. Si usted don Jesús tiene potestad para nombrar delegado de pastoral penitenciaria a un jesuita, ¿por qué no hace lo mismo nombrando párrocos de algunas parroquias que van a ser atendidas por los nuevos sacerdotes a quien le encomienda 16 o 17 parroquias en el Suroccidente? Querido don Jesús "esto nun ye o nun pué ser así". No es que usted me resulte antipático, como creen algunos, sino que quiero a los sacerdotes con toda mi alma y me duele este caso donde don Carlos se va a convertir en un mero "distribuir itinerante" de los sacramentos.

Durante los años que yo recuerdo hay unos 200 sacerdotes secularizados. Quiero humildemente exponer dos puntos o cuestiones que vienen al caso. El celibato sacerdotal y la tan cacareada secularización de los curas, son para mí los principales motivos de la crisis y falta de sacerdotes. Gran parte, por no decir la totalidad de los sacerdotes, se han secularizado por el problema del celibato. El pueblo fiel sigue esperando a su cura, si es para quedarse en su pueblo mejor, e incluso, si esto no es posible, que sea cada semana, y no conciben que su parroquia acabe cerrada un día. Si la iglesia no cambia el "chip" tardará en volverse la tortilla. Es indiscutible que la exigencia del celibato afecta a no pocos potenciales candidatos al sacerdocio.

La Iglesia muchas veces recluta y aísla a los futuros ministros, en plena niñez, en plena adolescencia, y los superiores del Seminario apenas si tienen más preocupaciones que la de adaptar el hombre al oficio, marginando a los que parecen problemáticos y que muchas veces lo son justamente por plantearse en serio estas cuestiones. La jerarquía pretende tratar a los curas como niños y que éstos hagan lo mismo con los fieles. Nadie, en su sano juicio, puede poner en duda que los sacerdotes son hombres con su correspondiente dosis de testosterona y que son empujados por ésta al impulso sexual durante gran parte de su vida. El celibato eclesiástico es una condición de imposible cumplimiento y que para ser célibe hay que ser célibe en todo. La Iglesia, hoy como ayer, mantiene que el oficio condicione al oficiante. Así, entre la puerilidad y el cinismo, desgraciadamente, muchas veces funcionan muchos miembros del clero. El seminarista tiene la necesidad de ser convencido antes de ser obligado. El celibato y la ausencia de una vida y de una relación amorosa normal envenenan la dimensión sentimental del sacerdote y convierten su castidad en una castración afectiva. Cada día está más en alza la vida de aquellos seminaristas que practican su fe, pero no como la predican sus formadores, sino como ellos entienden que debe ser. Yo conozco el caso de un amigo que, además de tener carrera civil, en sus estudios teológicos está sacando matrículas y que le están poniendo obstáculos por razones que actualmente son coyunturales. Él mismo, creo yo, en su día sabrá distinguir si el celibato es un don de Dios o una carga insoportable. A los superiores del Seminario, orientados por el Prelado, les corresponde tomar la decisión acertada.

Pablo VI se sintió tan impresionado por el testimonio y la petición de un cierto número de obispos de todo el mundo que llegó a someter la cuestión de la ordenación de hombres casados al Sínodo de 1971. La posibilidad fue rechazada por una pequeña diferencia: 22 conferencias episcopales estaban a favor, 26 en contra, y 8 se inclinaron por el "yuxta modum". Quizás con el agravamiento del problema en los años transcurridos desde entonces, se hace conveniente plantear de nuevo la cuestión.

¿Cuántos curas y cuántas monjas pueden decir que sus vidas están centradas en la vida pastoral? Yo he tenido una hermana que con 14 años ingresó en un convento religioso de Tarragona. A los dos años volvió para casa y dijo a mis padres que no hacía más que fregar escaleras. Cuando hace algún tiempo fui a la Curia en el arzobispado, al subir las escaleras me encuentro con una religiosa que estaba de portera. ¡Seamos serios!

La sociedad se está secularizando cada vez más. Por parte de la Iglesia es una autorización que se concede a un miembro del clero para que deje los hábitos y abandone las reglas a las que estaba sometido. Más sencillamente es hacer secular o laico lo que antes era eclesiástico y abandonar los principios y los comportamientos religiosos más tradicionales. Por parte del secularizado es el mantenimiento de una actitud neutra, aunque no necesariamente hostil, ante la religión, plasmada en la separación entre la Iglesia y el Estado. El sacerdote que se seculariza no va contra ningún voto, como puede ocurrir con los religiosos que hacen tres votos: pobreza, castidad y obediencia. En la ordenación sacerdotal la Iglesia, por medio del obispo que ordena, le dice al ordenado: "¿Me prometes a mí y a mis sucesores obediencia y reverencia? Y el ordenando contesta: "Prometo". Así, la secularización es un proceso en el que el religioso deja su carácter religioso para pasar a ser un laico. Si la sociedad se está secularizando cada día más, el sacerdote, al menos algunos, siguen el mismo ritmo que sigue la sociedad.

Desde luego, con la secularización y haciendo optativo el celibato y la ordenación de hombres casados, debemos constatar que sólo es solucionará parcialmente la actual escasez de sacerdotes, al menos en Europa. Tenemos las iglesias de la reforma, cuyos ministros pueden estar casados, que padecen también una crisis en el reclutamiento de vocaciones sacerdotales, aunque no tan grave como la nuestra. Existen otros factores tales como la secularización de la sociedad, el declive de la imagen social del sacerdote, las dudas sobre su identidad y su futuro.

En este caso me refiero exclusivamente al comportamiento de la jerarquía con los sacerdotes secularizados. Muchas adoptan todavía hoy la postura que en su día mantuvo el papa Pío XII. Cuando en la Curia romana le plantearon el problema de algunos sacerdotes su respuesta fue tajante: "Urantur". Esta palabra viene del latín "uri" que significa quemar. Total que Pío XII dijo: que se quemen. Esto llevó consigo la tragedia por la que tuvimos que pasar los que por distintas razones nos secularizamos.

Cuando yo, con 24 años, estuve de coadjutor en Muros de Nalón, se marchó un santo sacerdote, padre espiritual del Seminario. Hubo comentarios para todo, incluso que se había hecho protestante. Al comentarlo con el que entonces era párroco de Muros y que en el concurso a parroquias había sacado la "Suprema", él me dijo: "don Jesús, dígame, ¿quién es ella?".

Con relación a los sacerdotes estoy constatando que actúa (el obispo actual) con ellos "manu militari". Es algo que gran parte del clero no lo había experimentado con los obispos anteriores; pongo como ejemplo el caso de don Gabino, con quien trabajé pastoralmente bastante tiempo . "Querido fray Jesús: siempre se consigue más con una gota de miel que con un barril de hiel", decía.

En mi vida pastoral he pasado por todo: coadjutor, párroco por oposición, canónigo por oposición, profesor del Seminario, juez en el obispado, capellán de la Universidad, profesor en la Normal de Magisterio y por oposición entré en el Ministerio de Educación. Nunca he pedido nada. Económicamente soy persona libre y considero necesaria la libertad para decir a quién sea lo que yo considero justo.

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