¿Cómo... afrontar la migración?

Cambiar de país sin traumas

Actitudes, requisitos y apoyos necesarios para una integración satisfactoria

22.08.2015 | 05:24

La migración es un proceso de desarraigo; supone desprenderse de personas y cosas. Las condiciones en que se da la migración son determinantes para que ese proceso sea o no una experiencia satisfactoria. Sería lo idóneo una porosidad (una interacción donde te empapes de ellos y ellos se mojen de ti), un verdadero intercambio cultural... Observamos condiciones o factores que contribuyen a que ese proceso sea integrador o meramente adaptativo, sea enriquecedor o, por el contrario, se considere frustrante.

Si ese proceso se da en buenas condiciones, ese duelo que surge de la íntima relación entre el que viaja y lo que deja, y que se dará con mayor probabilidad en las personas migrantes que son jóvenes, que no dejan hijos, que sus padres están sanos o se prevean condiciones de regreso o visita, se puede considerar entonces como simple y no complicado ni extremo.

Los duelos por migración serán más complicados cuando existen dificultades para su elaboración, o incluso extremos cuando resulte prácticamente imposible el reencuentro con los seres queridos. Este es el caso de personas refugiadas que se ven obligadas a dejar su país sin perspectiva de retorno, que han de abandonar lo que fueron con la consiguiente pérdida del estatus social que poseían en su país de origen.

En el proceso de adaptación a este cambio influyen muchos factores: la legislación del país de acogida, que hará este proceso más o menos dificultoso; los estereotipos (o categorías donde encerramos a los demás) y los prejuicios hacia la inmigración en general o hacia determinados grupos étnicos.

Otros factores son personales (estilos de afrontamiento) y sociales (encontrar una red de apoyo familiar, social, personas afines que muestren empatía con nuestra situación, personas que nos ayuden a reducir el impacto del "estrés aculturativo" originado por el cambio y abandono de los referentes culturales tradicionales)...

Es conveniente planificar la marcha: despedirse de familiares y amigos expresando los sentimientos que ello suscita, e ir cerrando etapas de forma consciente. Hablar con personas que han pasado por el mismo proceso y así conocer el contexto futuro aunque sea de referencias, pues ayuda a quitar los miedos y a tener una visión más realista de lo que nos vamos a encontrar, para no dejarse sorprender por situaciones complicadas y no planteadas como posibles... Documentarse acerca de los aspectos legales, culturales del lugar al que se dirige, y tener presente las emociones a las que se va estar sometido; es preciso organizar un plan detallado, con tiempos y pautas definidas donde se tenga en cuenta la realidad con la que se va a encontrar (sistema político de gobierno, sistema económico y social, valores, creencias y costumbres religiosas...).

Además, es importante aprender a discernir entre lo que depende de nosotros y lo que está fuera de nuestro alcance, porque nos ayudará a no sentirnos frustrados ante determinadas adversidades. Actualmente, las nuevas tecnologías son herramientas que facilitan los contactos cotidianos con los seres queridos y que mitigan el impacto de la distancia, del sentimiento de pérdida y de la difícil situación afectiva que puede provocar.

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