Los cultivos del paraíso

Las señoras de las autovías

Las adelfas son resistentes ante la adversidad, lucen una belleza espectacular y se caracterizan por su elevada toxicidad

22.08.2015 | 05:24
Ejemplar de adelfa.

Prácticamente el mes de agosto ya había terminado, estaba a punto de comenzar una penitencia, un ritual que anunciaba la vuelta a la rutina. La maleta, que en el viaje de ida venía medio vacía, volvía llena de souvenirs y con la ropa arrugada, colocada de cualquier manera, y encajando las cosas para que pudiera cerrarse. Una vez comprobado que todo estaba recogido, dio una última vuelta por aquellas calles y paseos llenos de veraneantes (unos que, al igual que ellos, ya se iban, y otros, afortunados, que venían).

Pasaría casi un año para poder volver a disfrutar de las tan ansiadas vacaciones. Por delante, aún tenían varias horas de viaje, un viaje que se hacía con poca gana (bueno, quién sabe, o quizá con mucha, que las vacaciones en familia es lo que tienen, que a veces uno puede llegar a pensar que estaba mejor trabajando). A media tarde, cuando el sol apretaba menos, se pusieron en marcha. Ahora ya nada era como antes. Atravesar media Península no suponía perder un día entero como hacía décadas. Aquella ruta turística pasando por los pueblos de España había quedado atrás, las autovías nos acercaban más rápido a nuestro destino y, para que el viaje no se hiciera tan monótono, allí estaba, separando la mediana, un seto de adelfas en flor: unas grandes supervivientes que han aguantado penurias y que, aun así, lucen perfectas cada verano.

De nombre científico "Nerium Oleander", es originaria de la cuenca mediterránea y por toda esa zona es más conocida por adelfa. Gracias a su gran rusticidad, no es de extrañar encontrarla en cualquier lugar, ya que soporta pleno sol y temperaturas extremas. Podemos verla de manera aislada, en grupos o formando setos. Prefiere los suelos calizos y arenosos, pero ha demostrado ser todoterreno adaptándose a condiciones adversas, bajas temperaturas (hasta diez grados bajo cero), salinidad, elevadas temperaturas...

Podemos cultivarla en terreno o en maceta. Si nos decidimos por la primera opción, puede llegar a alcanzar los cinco metros de altura; pero, si nos decidimos por la segunda, no llegará a alcanzar el metro. Busquen un lugar soleado, orientado al sur: allá donde el terreno no encharque, será perfecto. No sólo podemos encontrarla como una planta de exterior; en interior también puede vivir, eso sí, cerca de una ventana y lejos de un radiador.

Cuando crece de manera silvestre, lo hace en zonas húmedas, próximas a riachuelos, pero no se lleven a engaño, eso no quiere decir que sea exigente en agua, todo lo contrario, ya que esos riachuelos suelen permanecer secos a lo largo de los meses más calurosos del año, teniendo que soportar sequía extrema. De ahí que sea interesante un lugar que no encharque y regar cuando el terreno esté ya seco; y, si es en maceta, mejor poner un plato y llenar éste de agua, dejar un rato y retirar el agua sobrante. Eso hace que sea muy utilizada allá donde la disponibilidad de agua no es la misma que en el norte.

No sólo en jardines, sino en carreteras y autovías, abandonadas a su suerte, son capaces de buscarse la vida y sobrevivir, pasando meses sin gota de agua y dando una floración espectacular durante todo el verano y parte del otoño. Sus flores, con forma de embudo, pueden ser dobles o simples en una amplia gama de colores, desde el blanco hasta los rojos más vivos.

La poda es primordial para mantener nuestra planta siempre perfecta. Eliminaremos ramas que no interesen, chupones, flores y hojas secas: todo aquello que dé un mal aspecto. Incluso podemos recortar un poquito para dar forma a la copa, que ésta sea más proporcionada. Una vez pasada la floración, hay que hacer la poda, cortando un poco en función de como queramos mantener de alta la planta. Cortar simplemente las flores secas estimula una nueva floración. Cortando un poco más, ya tendremos la planta lista para el año siguiente. Es mucho mejor hacer esto a finales del verano o el otoño. Lo ideal es dejar la planta lista antes de primavera, pues hacerlo en esta fecha puede acarrear una merma en la floración.

Pueden recolectar las semillas y, posteriormente, ponerlas a germinar si lo que se quieren es obtener más ejemplares. Se colocan en una mezcla de sustrato y arena a partes iguales, y se mantiene ligeramente húmedo. Es sencillo, y en un par de semanas ya estarán germinadas. Las plantas, por norma general, serán prácticamente iguales a la planta madre, y en poco tiempo pueden pasarse a un lugar mas definitivo. Este proceso es un poco más lento, por lo que el esquejado es más aconsejable.

Si queremos asegurar el éxito, primavera y verano son las mejores épocas. Colocaremos el esqueje de unos quince centímetros en agua hasta que tengamos varias raíces; o bien en una mezcla de sustrato y arena, a partes iguales, mantendremos ligeramente húmedo el sustrato con un pulverizador y en poco tiempo ya tendremos nuestra nueva planta lista para trasplantar.

Los pulgones y las cochinillas suelen atacar este arbusto. Podemos tratar con un macerado de ajo o jabón potásico. La aparición de unas pequeñas verrugas suele ser síntoma del ataque de una bacteria. A esta enfermedad se la conoce como tuberculosis y no hay tratamiento. Suele aprovechar cualquier tipo de herida o corte para extenderse. Otras veces, las hojas, incluso los brotes enteros, tienden a secarse, un efecto producido por un hongo. Lo mas efectivo suele ser eliminar aquellas partes afectadas y luego tratar con un fungicida.

Hace cientos de años se usó en medicina popular como diurético y cardiotónico, y a modo de cataplasmas para tratar problemas en la piel tales como eccemas y sarna. En la actualidad no se usa, ya que es muy muy muy tóxica, hojas, tallo y flores. Quien pudiera imaginar que una planta con tantas cualidades pudiese ser tan nociva. Está claro que la perfección no existe.

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