DARÍO ADANTI | Historietista, protagonizará la función "Mongolia, el musical" en el Filarmónica

"Los límites del humor los pone el contexto, no los temas intocables"

"Muchos chistes del musical no son para que la gente ría sino para que se pasme"

03.09.2015 | 04:10
Darío Adanti, durante la representación de "Mongolia, el musical".

Dario Adanti (Buenos Aires, 1971) es uno de los fundadores de la revista satírica "Mongolia". Desde ella reinterpreta la actualidad con un humor irreverente e incómodo. Con su versión teatral, "Mongolia, el musical", con la que el 11 de septiembre recalará en el Filarmónica junto a Edu Galán, se ha subido ya a muchos escenarios de España.

-¿Qué es "Mongolia"? ¿Cómic, teatro, monólogos, música, humor, sátira social??

-"Mongolia" es una revista, pero es mucho más. Los que la hacemos teníamos muy claro que debíamos pasar los límites, no sólo en el humor sino también los límites del propio papel llevando la revista a otros ámbitos como el teatro, que nos permite experimentar cara a cara con nuestros lectores.

-¿Conexiones con la revista?

-"El Musical" y la revista son lo mismo, pero en distintos formatos. Los responsables de la parte satírica de la revista, Edu Galán, Rapa Carballo y yo, escribimos los guiones, hacemos los vídeos y actuamos.

-"Mongolia" recurre al humor negro, ¿apto para todos los públicos?

-El humor negro es un juego que te permite minimizar tu propio drama, al reírte de la tragedia. No es para todos los públicos como cierto tipo de pornografía tampoco lo es. Es parte fundamental de nuestro humor, probar los límites de tolerancia de nosotros mismos con respecto a determinados tabúes.

-¿Entiende la polémica en torno al ex concejal de Cultura de Madrid y sus chistes sobre asesinatos y actos terroristas?

-No. Esos chistes, sean buenos o malos chistes fueron hechos antes de que ocupara un cargo público y en un contexto determinado. No se los puede sacar de contexto ni juzgar su función política por chistes que haya hecho antes de ocupar su cargo.

-¿En el humor hay límites?

-Toda actividad humana tiene límites, no sólo el humor, pero ese límite, para mí, no es el que haya temas intocables sino el contexto en el que se tocan. No le voy a contar un chiste negro a mi abuela en el velatorio de mi abuelo, pero el mismo chiste se lo puedo contar a mis amigos, lo puedo publicar en una revista de humor, o contar en un espectáculo. Cuando haces una revista satírica como "Mongolia" y un show como "Mongolia, el musical" el contexto está claro, nadie puede decir que no sabía que ahí se haría humor sobre todo tipo de temas.

-¿Para qué sirve la provocación?

-La provocación entretiene. La sorpresa es un pilar fundamental del humor. Si hay temas que no se pueden tocar el humorista los toca porque eso sorprende por inesperado. El humor es provocación desde el mismo momento que juega a saltarse los límites del lenguaje, de la realidad, de la razón y de lo probable. Y sí, el humor también sirve para reflexionar pero sería muy hipócrita de mi parte si digo que lo hacemos para que la gente reflexiones. No, lo hacemos para que la gente se divierta.

- ¿Han tenido quejas de algún espectador?

-Alguna vez. Muchos chistes del espectáculo no están hechos para que la gente se ría sino para que se quede pasmada, que también es una forma de entretenimiento. Que alguno se ofenda va con nuestro oficio. A todos los humoristas se les ha ofendido alguien del público alguna vez.

-¿Su personaje preferido de la función? ¿El que más odia?

-Mis personajes preferidos son los dos políticos corruptos enganchados a las drogas y a la prostitución. Es uno de los nuevos "esqueches" que estrenamos hace dos shows. Y el que más odio? Ninguno. Aunque interpretes a seres abyectos al ponerte en su piel terminas teniendo cierta empatía enferma con ellos porque hay algo que engancha con tu propia mezquindad.

-¿Qué recorrido tiene por delante Mongolia el Musical?

-No es una obra cerrada y estanca. Va cambiando con la actualidad, así que yo creo que es un espectáculo vivo que muta constantemente y se adapta a los cambios políticos y sociales. Mientras tengamos la capacidad de adaptar la actualidad que nos rodea a la obra, esta seguirá siendo actual y estando viva.

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