Imágenes y documentos para el recuerdo

Los caldereros echaron raíces

Varios vecinos son descendientes de artesanos procedentes de Miranda, en Avilés, que recalaron en la zona para vender sus productos allá por el siglo XVII

12.09.2015 | 05:05

Casi nadie recuerda las palabras, pero todo el mundo sabe, en San Juan de Villapañada, que el bron era la jerga de los caldereros, un oficio muy presente, sin embargo, para algunos vecinos de esta localidad de Grado, descendientes de aquellos que allá por el siglo XVII, y atravesando el concejo siguiendo el Camino de Santiago para vender sus productos, se quedaron finalmente a vivir en la parroquia. La historia de su presencia y el seguimiento de sus descendientes lo conoce bien Álvaro Valdés Díaz, natural de esta tierra y que publicó una investigación sobre los mismos y sobre su jerga, el bron, titulado "El bron de San Juan de Villapañada".

Recuerda el autor que, a finales del siglo XVIII, dos caldereros de Miranda se casaron con dos hermanas de esta parroquia: Domingo y Sancho Fernández Alu contraen matrimonio con Isabel y Antonia Morán, respectivamente. Entre los descendientes de Sancho y Antonia está una familia que vive en el lugar llamado El Casoriu, dentro del barrio de Acebeo: se trata de Andrés López Fernández. La familia conserva varios documentos con referencia a objetos de cobre relacionados con los caldereros. También en Acebeo hay otras dos familias descendientes de caldereros. Una en casa el Tico, tal y como recuerda el autor en el libro, y otros en otra en casa Cascayal, donde Gonzalo Pérez Fernández guarda el libro de debes y haberes de su abuelo, uno de los últimos caldereros, llamado Manuel Pérez Fernández Alu.

El bron es una jerga dialectal utilizada por los caldereros, como sucedió en Asturias con otros gremios artesanos, caso de la xíriga entre los teyeros de Llanes o el tixileiro de los cunqueiros en Ibias y Degaña. José Manuel Feito, párroco de Miranda, en Avilés, realizó una ingente labor recopilatoria sobre el bron y publicó diversos artículos sobre el asunto.

En su trabajo, Álvaro Valdés recopiló más de mil palabras que se utilizaban en Grado y en Avilés, y añadió otras cuarenta que sólo tienen traducción en San Juan de Villapañada, por ejemplo "mosendo" (persona burra, de poco entendimiento); "chesgueira" (navaja); "focar" (echar a alguien de un lugar); o "caneante" (burro), por citar algunas.

Con el paso de los años, y sobre todo cuando el oficio de calderero se extinguió tras llegar la Revolución Industrial, fueron los tratantes de ganado los que, en esta parroquia, asumieron esta jerga y la utilizaron en su trabajo. Así es como llegaron hasta nuestros días algunas de sus palabras cuyo uso sólo conocen ya las personas de más edad.

En La Llinar, Xuan Antón Alonso López ha puesto en pie un personalísimo museo etnográfico donde, además de recuperar piezas de diversos oficios, muestra trabajos de los caldereros así como poemas en su jerga, tallados en madera. Todo sea por mantener viva la memoria histórica de su parroquia.

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