Un premio con letra pequeña

Dolores Díaz Gállego gana en Estados Unidos por tercera vez un concurso de encuadernación, gracias a uno de los libros en miniatura que ella misma crea

17.09.2015 | 04:06
Dolores Díaz Gállego, con el ejemplar ganador y otras de sus obras, en su taller.

Por las manos de Dolores Díaz Gállego han pasado cientos de libros de toda forma, tamaño y época. Esta encuadernadora lleva 25 años trabajando en una profesión que, reconoce, "ha tenido sus altibajos". "Cuando abrí mi propio local había mucho aficionado, y ahora ha vuelto a aumentar el número de personas que se preocupan por rehabilitar sus libros", explica.

Uno de sus clientes habituales, Manuel García-de Fuente, un notario de Marbella, la ha llevado a conseguir por tercera vez el reconocimiento internacional, con un premio en Estados Unidos. Juntos llevaron al concurso el encargo del andaluz: un libro (en tamañao reducido) que explica y enumera los diferentes tipos de nudos de corbata. La curiosidad es que el libro tiene forma de eso, de corbata. "La idea de hacer el ejemplar con esa forma fue de mi cliente", explica la encuadernadora. "Tiene una amplísima colección de libros en miniatura, incluyendo el más pequeño del mundo, y llevamos trabajando juntos muchos años", añade.

Díaz Gállego no solo trabaja con miniaturas. Entre algunos de sus trabajos se encuentra el libro que la Fundación Princesa de Asturias regaló a los Reyes Felipe y Letizia por su boda; el entelado de mapas del área de Geografía de la Universidad de Oviedo, o la restauración de los libros que sufrieron desperfectos con la inundación del archivo de Arriondas.

A lo largo años de trabajo, la encuadernadora ha vivido gran cantidad de anécdotas. "Recuerdo una vez que un cliente me trajo un incunable (libro editado antes del Día de Pascua de 1501) para que lo restaurara, y a medida que iba trabajando con él, descubrí que no era un solo ejemplar, sino tres completamente distintos", comenta orgullosa. "Fue algo increíble, una gran sorpresa para el cliente y para mi", añade.

A su taller llegan libros de toda España e incluso del extranjero para que sean restaurados, muchas veces a gusto de la encuadernadora, algo con lo que disfruta mucho. "El trabajo ha bajado, pero yo no he reducido la calidad de mi labor, y eso es algo que los clientes valoran", explica Dolores Díaz Gállego, que comenzó en la profesión porque un amigo de la familia se lo ofreció "al ver el arte que tenia al hacer casas de muñecas, algo que hacía para ganar un dinero extra mientras estudiaba", recuerda la encuadernadora. De lo que era un entretenimiento surgió una profesión en la que destaca sobre el resto.

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