Por los caminos de Asturias

La casa de Ángeles Villarta

De la "casa del doctor Mateo" al ingreso en un manicomio para escribir sobre la demencia

26.09.2015 | 05:08
El equipo de la popular serie televisiva, durante el rodaje de una escena junto a la casa del doctor Mateo.

A consecuencia del paso implacable del tiempo, la casa del doctor Villarta, en Lastres, pasó a ser la casa de las señoritas Villarta y en la actualidad, para la gente del común, es la "casa del doctor Mateo", el personaje de una serie televisiva desarrollada en la villa marinera alrededor de lo que los guionistas de Madrid suponen qué es un médico rural: una mala imitación de otro médico televiso, pero norteamericano, llamado House, un tipo gamberro, antipático y sin afeitar, que trabajaba, o más bien hacía lo que le daba la gana, en un hospital. Podían haber tomado como modelo de médico rural al de "Doctor en Alaska", pero el doctor Mateo era antipático como House, aunque se peinaba, rígido, cortante, dogmático y pedante. Imagino que los guionistas de la serie suponían que las personas de cierto peso social en una pequeña comunidad deben comportarse así, señalando distancias.

Yo jamás vi un episodio entero del doctor Mateo. A lo sumo, un furtivo vistazo alguna vez que entré en un bar y lo ponía en el televisor. Pero aquel tipejo me produjo una impresión de lo más desagradable. No obstante, el médico hosco dio a Lastres y su zona tanta popularidad como los dinosaurios. ¿Por qué? No me lo explico. Una opinión muy extendida es que sólo porque se nombre a un pueblo en la televisión va a atraer oleadas de turistas japoneses y norteamericanos. En Tokio, sin ir más lejos, todo el mundo tiene preparadas las maletas para ponerse en marcha nada más que escuchan el nombre de un pueblo asturiano.

Recientemente, la concesión del Premio Princesa de Asturias permitió a un original afirmar que el premio había puesto "a Colombres en el mapa". ¡Ni qué los que conceden el premio fueran cartógrafos! Ahora se está poniendo de moda eso de "poner a tal o cual lugar en el mapa", y todas las modas de este tipo son peligrosísimas. Lo cierto es que Colombres ya estaba en el mapa mucho antes de que existieran los premios Príncipe de Asturias, y que continuará estando en el mapa cuando esos premios haya desaparecido y se hayan olvidado completamente. Pero, de momento, Colombres salió en la prensa y en la televisión (principalmente en la regional), el día de la concesión del premio y volverá a salir cuando la Princesa (o en su lugar los reyes) venga a entregarles el galardón. Habrá coros y danzas, habrá promesas de eterno recuerdo y, después, el misericordioso olvido. Por lo demás, a este paso, y premiando a un "pueblo ejemplar" cada año, dentro de veinte o treinta años no habrá pueblo que no sea ejemplar.

La famosa casa del doctor Mateo (más bien casona) para mí continúa siendo la casa de Ángeles Villarta, aunque no figure en ella ninguna lápida que recuerda que una escritora asturiana nació allí. De esa casa tengo recuerdos agradables y melancólicos: las cuatro señoritas Villarta sentadas en un canapé, debajo del retrato oval de un señor con grandes bigotes, en un salón en penumbra, con las contraventanas entornadas porque era verano o porque atardecía. Ángeles, la más joven y activa, servía el café con pastas. A casa se entraba por una verja de hierros que daba paso a un minúsculo jardincillo: ésta era la fachada principal, la otra fachada daba al pueblo, que se encontraba a sus pies. En la parte baja de la casa que daba su disposición en un terreno desigual, por una parte era todo el piso bajo y por la otra el sótano, se encontraba el consultorio, tal como lo había dejado el doctor Villarta la última vez que entró en él. Un despacho que hoy se calificaría como arqueológico, con todo el instrumental y biblioteca, perfectamente conservados, de un médico del comienzo del siglo XX. Sobre la mesa había una serie de papeles dispersos y una pluma estilográfica. Ángeles me invitó a que escribiera algo con ella. Para mi sorpresa, la pluma escribía muy bien, con tinta azul. "Cuando estoy en Lastres la cargo todas las semanas", me explicó Ángeles.

Cuando la conocí, Ángeles era menudilla, vivaracha, de mirada muy viva, encantadora. La señorita de provincias, hija menor de un padre viudo. Y, sin embargo, ¡qué biografía la suya, mujer valerosa y periodista original! Según Melchor Fernández Almagro, era, en su tiempo, "una de las más interesantes personalidades artísticas europeas". Como periodista no se detenía ante nada, y lo mismo recogía basuras por la noche en Madrid que se internaba voluntariamente en un manicomio para no escribir de oídas sobre aquellos lugares atroces. Fue, por tanto, la fundadora en España de un periodismo de primera línea de altos vuelos y de calidad literaria. Sobre su experiencia adquirida acompañando a las mujeres que recogían las basuras en las noches de Madrid escribió un libro de título orwelliano: "Sola y sin dinero en Madrid"; sobre su estancia en una casa de salud, "Mi vida en el manicomio". También convivió durante tres semanas con los traperos de los arrabales madrileños y durante algún tiempo se dedicó al "estraperlo" para "comprobar cómo era aquello" y contárselo a sus lectores.

Como ya hemos dicho, no se detenía ante nada, y de sus experiencias de un periodismo tan de vanguardia que la retaguardia todavía no había nacido, la más peligrosa, en su opinión, fue la de estraperlista, porque podía ir a la cárcel. La experiencia del manicomio fue no menos peligrosa, porque de la cárcel se sale y en el manicomio puede quedarse quien entra para siempre. Sobre el periodista que entra en un manicomio y no sale, Samuel Fuller realizó "Corredor sin retorno", una de sus películas más duras. Para escribir "Mi vida en el manicomio" no solo se sirvió de su experiencia en aquel lugar, sino del magisterio de su padre, un médico adelantado que ya en su tiempo se interesaba por la psiquiatría. También le acompañaba en su coche a visitar enfermos en Luces y Colunga, y en la carretera de Villaviciosa hacia Selorio y la Venta de Encarnación. Algún loco se encontraría entre sus enfermos.

Más tarde, siendo ya mayor, empezó a interesarse por los dementes más que por la demencia. ¿Y dónde se puede encontrar mayor número de dementes? En un manicomio. Ángeles le expuso la idea de su libro al poeta Emilio Carrere, quien intentó disuadirla. Por fin pudo ingresar en un manicomio, observando aterrorizada que es una institución en la que es tan difícil entrar como salir.

La obra de Ángeles Villarta no se reduce a este "periodismo de impacto", del todo insólito en su época. Fue animadora de la última versión de "La Novela Corta", que publicaba una novela breve semana, poniendo en circulación narraciones de Pío Baroja, Wenceslao Fernández Flórez, Enrique Jardiel Poncela, Pemán, y otros conocidos autores, era un meritorio intento de acercar a precios módicos obras de escritores importantes a las clases populares.

Como novelista, ella misma abordó problemas muy de actualidad en los años 40 y 50 del pasado siglo: "Con derecho a cocina" trata de los realquilados, tan numerosos en aquella época; "Muchachas que trabajan", sobre un tema tan de actualidad como la incorporación de la mujer al trabajo, etcétera. Como poetisa publica en 1956 "Fervor de Madrid". Madrid es el gran tema de sus libros, como ha demostrado Alberto Sánchez Álvarez-Insúa.

Formada en Suiza, polifacética y políglota, a los 102 años es la superviviente de varias generaciones de escritoras, desde Blanca de los Ríos a Dolores Medio. Bien merece como reconocimiento a su obra un premio "Princesa de Asturias", que con tanta frecuencia se conceden a escritores desconocidos aquí y la mayoría de los cuales no tienen idea de dónde está Asturias ni de sus premios. El reconocimiento de Ángeles Villarta sería un acto de justicia a una escritora inquieta y original, figura importante de la literatura femenina en lengua española.

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