Los jóvenes van al huerto a hacer terapia

Los chavales de la asociación Trama, algunos con medidas judiciales, "aprenden a valorar el esfuerzo" en los cultivos de Luis Oliver

23.10.2015 | 04:15
Luis Miguel Do Santos, Cinthia Marte y Almudena Krotter, en los huertos de Luis Oliver, en Pando.

"No hay mejor terapia que doblar el 'llombu' y sembrar patates". Eso creen los adjudicatarios de los 34 huertos urbanos de la parcela de Luis Oliver, en el barrio de Pando, que desde que a principios de año recibieron la llave de las taquillas y los aperos de labranza, comparten su tiempo al aire libre con los chavales de la asociación Trama. Estos menores van al huerto varios días a la semana como parte de su terapia ocupacional. Algunos cumplen medidas judiciales y otros tienen problemas de conducta, viven en pisos de acogida o simplemente necesitan una ayuda extra en los estudios. "Todos pertenecen a la familia Trama y son bienvenidos en los huertos". Lo dice Luis Miguel Do Santos Calvo, que es el coordinador del programa "Medidas Judiciales en Medio Abierto" para menores infractores.

Tanto el coordinador como los chavales cogen la pala y el rastrillo y se manchan de tierra. "Es importante que aprendan a valorar el esfuerzo y los frutos del trabajo", explica Do Santos, que también cuenta con la ayuda de Almudena Krotter, una de las educadoras que acompaña a los jóvenes cada semana hasta su parcela. Y es que este huerto es uno de los tres que el Ayuntamiento reservó para que fuera utilizado por asociaciones con fines sociales. Así, estos terrenos serán sembrados durante tres años (tal y como establecen los pliegos de condiciones) por Trama, la Asociación de Síndrome de Down y el colectivo Hierbabuena (formada por personas que padecen o han padecido algún tipo de problema de salud mental).

Los chavales ponen encima de una mesa plegable su recolección. Hay calabazas, calabacines, tomates, pimientos, zanahorias, repollos y lombardas, entre otros productos. "Nos lo llevamos al centro o a casa, y lo preparamos para comer". Rosa María Santos, de 16 años, está orgullosa de haberse convertido en agricultora. Se presentó voluntaria cuando los educadores le plantearon la posibilidad de compatibilizar sus clases de refuerzo con el trabajo de campo. "En Trama me ayudan mucho a estudiar y gracias a ellos he conseguido estar en cuarto de ESO". Esta joven que se ha especializado en el cuidado de los tomates cherry y de los pimientos, tiene claro desde que está en Trama que seguirá estudiando. "Quiero hacer Psicología o Magisterio, aún no lo sé".

Para la educadora, el huerto no sólo les ha mostrado el valor del trabajo, sino que también les ayuda a relacionarse y a potenciar sus habilidades sociales. "El resto de vecinos son sus compañeros de huerta y eso se nota. Hablan de patatas o cebollas con personas de 50 o 60 años con las que antes ni se les hubiera ocurrido saludarse. Es decir, esto es un proyecto intergeneracional".

Cinthia Marte, de 15 años, le ha cogido el gusto a sembrar y regar. "También voy a los huertos urbanos de La Corredoria. Antes la vida de campo no me llamaba la atención, pero ahora me encanta. Quiero ver cómo crece lo que he plantado y, si puedo, comerlo con los compañeros de trabajo. Es una pasada".

Do Santos está satisfecho con la experiencia. "Sirve para quitarles a estos chavales el estigma de problemáticos. Y encima, crea comunidad de barrio".

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