Historias del cine

Choque de trenes en Manderley

El rodaje de "Rebeca" estuvo marcado por las diferencias entre el productor David O. Selznick y el director Alfred Hitchcock

07.11.2015 | 04:49
Selznick, a la izquierda, y Hitchcock, durante el rodaje de "Rebeca".

"No es una película de Hitchcock. Es una especie de cuento y la misma historia pertenece a finales del siglo XIX. Era una historia bastante pasada de moda, de un estilo anticuado. En aquella época había muchas escritoras: no es que esté en contra de ellas, pero Rebeca es una historia a la que le falta sentido del humor". El autor de esta reflexión no es otro que el propio Alfred Hitchcock, en su memorable conversación con François Truffaut que dio lugar al libro "El cine según Hitchcock". Mas el rechazo del cineasta británico a su primera película en Estados Unidos no tiene tanto que ver con la novela de Daphne du Maurier como con su compleja relación con el productor, David O. Selznick.

Hitchcock, de hecho, reconoce en la propia entrevista que él trató de comprar los derechos sobre la novela antes de que Selznick se hiciese con ellos, pero carecía de los fondos precisos. El productor pagó por ellos 50.000 dólares, exactamente la misma cantidad que había abonado unos años antes por el best seller de Margaret Mitchell: Lo que el viento se llevó.

De hecho, cuando Selznick contrató a Hitchcock, quien se había labrado una reputación desde su Inglaterra natal con sus filmes de suspense, no prestó atención a su nuevo fichaje, al que había firmado por indicación de la agente Kay Brown Barrett, ya que estaba culminando la exitosa versión cinematográfica de la novela de Mitchell.

Para los intereses de Hitchcock casi habría sido mejor que su "patrón" hubiera mantenido las distancias. Pero esa actitud no iba con Selznick, un productor al que le gustaba intervenir de manera activa en los rodajes. De hecho, los problemas entre ambos comenzaron ya en plena preproducción, cuando Selznick rechazó el primer borrador del guión para exigir fidelidad a la novela original.

A medida que avanzaba la producción, la relación entre Selznick y Hitchcock se fue deteriorando, debido a las intromisiones del productor. El reparto fue también motivo de fricción, ya que Selznick impuso a Laurence Olivier como protagonista y descartó a Vivien Leigh por considerar que el romance adúltero que entonces mantenían ambos intérpretes podría perjudicar a la promoción del filme.

La actriz elegida para protagonizar el filme fue Joan Fontaine, la joven hermana de Olivia de Havilland. La elección, avalada por Hitchcock, enfureció a Olivier, que lo pagó con su coprotagonista. Una situación de la que se aprovechó el cineasta haciendo creer a la actriz que todo el equipo la odiaba, con el objetivo de que su inseguridad se reflejase en pantalla.

La tensión entre Hitchcock y Selznick llegó a su cénit al rodar las últimas escenas de la película. El productor insistió en que se filmase el final que se conserva en la película -con la cámara avanzando sobre un bordado con el nombre de "Rebecca" en pleno incendio de la mansión, Manderley-, pese a las reticencias del director, que lo consideraba ridículo. Mas Hitchcock nada podía hacer frente al productor, que tenía además el derecho al montaje final.

Rebeca fue un éxito y logró además el Oscar a la Mejor Película del Año. Selznick se apuntó el tanto, pero no era más que el primer asalto de su pugna con Hitchcock. En los años siguientes, y pese a que el cineasta tenía contrato en vigor con Selznick, fue requerido por otras productoras para hacer películas. Hitchcock pudo trabajar lejos de la órbita de Selznick merced a la fórmula del "loan out", una suerte de cesión similar a la de los futbolistas.

En esos años, el prestigio de Hitchcock no dejó de crecer merced a películas como Enviado especial (1940), Sospecha (1942) o La sombra de una duda (1943). La estrella de Selznick, en cambio, empezaba a decaer, y reclamó al director. Juntos hicieron Recuerda (1945), un éxito que palideció frente al triunfo obtenido al año siguiente por Hitchcock, prestado a la RKO, con Encadenados.

Selznick volvió entonces a reclamar al cineasta para rodar la que sería su última película juntos: El proceso Paradine (1947). Hitchcock, desganado y cansado del productor, liquidó la película con piloto automático. El proceso Paradine está considerada una de las peores película (si no la peor) películas de Hitchcock.

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