Los cultivos del paraíso

Rey del jardín

El liquidambar, famoso por la resina que desprende, requiere suelos sueltos, poco ácidos y ligeramente húmedos

21.11.2015 | 04:32
Ejemplares de liquidambar.

Era el primer día en la universidad, algo nervioso esperó en el pasillo con el resto de alumnos hasta que llego el profesor. Era primera hora y había pocas ganas de atender, sacó unos folios y casi se pasó toda la clase haciendo dibujos en el papel, así pasaba el rato, mirando el reloj cada cinco minutos a la espera del final de la hora.

Entre dibujo y dibujo levantaba la vista, pero no para atender al profesor, nada más lejos; en la segunda fila había una chica que le había llamado la atención. Con el paso de los días, se fue acercando poco a poco, fila a fila, hasta conseguir sentarse detrás de ella. Laura tenía el pelo castaño claro, rizado, una mujer alta y de buen tipo. Allí donde iba llamaba la atención, era muy guapa, aparte muy estudiosa y ordenada, nada que ver con él, un poco más dejado en ese tema. A pesar de ser personas totalmente diferentes, pronto congeniaron.

Ella siempre le echaba un cable con las clases, le dejaba los apuntes y preparaban juntos los exámenes. Había una buenísima amistad, aunque en el fondo Juan estaba enamorado de ella desde el primer día que la vio en aquel pasillo a la espera de comenzar la clase. Pasados cinco años Laura terminó los estudios; a él, como era un poco menos aplicado le costó un par de años más, pero así todo, aunque ella se fue a trabajar al País Vasco no se olvidaba de él, seguían manteniendo el contacto y un par de veces al año quedaban con otros compañeros para recordar viejos tiempos.

Al cabo de cinco años él se fue a trabajar a Asturias, estaba a solo un par de horas de Laura, era estupendo, podría verla más a menudo. Un día ella le llamo para contarle que llevaba unos meses con un chico y que en poco tiempo se casaría. Por supuesto, Juan estaba invitado, seria duro para él, pero tenía que ir.

El esperado día llegó, Juan puso su mejor traje y su mejor cara para acompañar a Laura en el día de su boda. Minutos antes del enlace fue a saludarla. Ella le hizo pasar a una habitación y le confeso que su boda era un error, pero que tenía que casarse, aunque ella con quien realmente quería estar era con él.

Juan no supo que decir, no espero a la ceremonia y se fue hundido para casa. Durante tres años no volvieron a hablar ni a saber uno del otro. De repente un día ella fue a verle a Asturias, se presentó por sorpresa en el trabajo, se dieron un abrazo y por un minuto no dijeron nada. Juan aun no lo sabía, pero esa visita cambiaría su vida, Laura había dejado a su marido, no había podido olvidar a Juan, lo que ella sentía era más que una amistad.

Pues fíjense como fue la cosa que cuando conocí a Juan estaba preparando la maleta para irse con Laura a vivir al sur, el coche iba cargado hasta arriba y entre las maletas un árbol de liquidámbar que tenía en el patio en una maceta. Cada vez que veo uno me acuerdo de esta peculiar pareja con esa historia más propia de una telenovela.

Originario de Centroamérica. Esta colorida especie es originaria de Centroamérica. El nombre científico es Liquidambar styraciflua, complicado de pronunciar, así que mejor lo dejamos en Liquidambar, más corto y sencillo. Recibe este nombre por una resina que se obtiene de la corteza. Es uno de los arboles más decorativos que podemos encontrar; sus hojas, parecidas a las del arce, sufren un cambio de pigmentación al llegar el otoño, es un color tan intenso que puede captar nuestra atención desde lejos, tonos amarillos, rojos, granates, todo un espectáculo digno de admirar.

Aspecto imponente. No solo es ornamental por esta explosión de color al llegar el otoño; su tronco es muy peculiar, lleno de hendiduras, que a medida que el árbol va siendo adulto van marcándose más. Es un árbol que prefiere los suelos sueltos y que drenen bien, lo mejor es que estén ligeramente húmedos, profundos y un poco ácidos, que favorecen una mayor intensidad del color de las hojas en otoño. Es los casos más favorables puede llegar a alcanzar hasta los cuarenta metros de altura, con un porte piramidal. No suele ser un árbol interesante por sus flores, estas pasan desapercibidas en primavera, los frutos si son algo más llamativos, son globosos, con espinas, y se mantienen en el árbol después de la caída de hoja.

Es necesario abonar al menos un par de veces al año. No requiere poda. Si acaso, por eliminar alguna rama seca, o podar ligeramente, nunca de forma agresiva. Es una planta muy dura, apenas se ve atacado por plagas o enfermedades, las hojas pueden perder verdor en primavera o verano, la alcalinidad del suelo suele favorecer la clorosis.

Resistente y fácil de cuidar. Es un árbol muy resistente. No solo es fácil su cuidado, sino que conseguir un ejemplar lo es aún más, para los atrevidos. Les aconsejo mediante semilla. Se recolectan en otoño, durante un par de meses tendremos que tenerlas en el frigo a una temperatura de unos cinco grados. Una vez pasado ese tiempo la semilla ya estará lista para germinar, un buen sustrato y a esperar. Mediante esqueje suele ser un poco más rápido, la época ideal es primavera, colocaremos estos en una mezcla de arena y turba y listo, o si lo prefieren por acodo, pero este proceso es más lento, tardaría casi unos dos años hasta que pudiésemos separar el acodo de la planta madre, claro que también pueden comprar un ejemplar ya enraizado, así agilizamos el proceso varios años.

Uso medicinal. El ámbar líquido que desprende se usó como ungüento para tratar problemas de la piel, mejorar la circulación sanguínea y como antinflamatorio, y como remedio a la tos, los refriados y el asma. Si tienen un liquidámbar en el jardín, es el momento de ir buscando un hueco amplio. No hagan como Juan, que lo tenía en una maceta.

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