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La columna del lector

La canción del captador

25.11.2015 | 09:42

Las quejas sobre el exceso de captadores de ONG en la zona de Doctor Casal-Uría de las que se hacía eco este periódico no son fruto de la insolidaridad de los comerciantes y de quienes viven acomodados en el centro de Oviedo. Son una realidad que sufren quienes nos acercamos cada día a este rincón de la ciudad, donde conviven tiendas de diseño junto a librerías, grandes almacenes y modestos establecimientos como ferreterías o peluquerías. Aclaremos de una vez que los captadores de ONG no son abnegados voluntarios en lucha por mejorar las condiciones de vida de la infancia en el Tercer Mundo o aliviar la pobreza en éste.

Son ante todo trabajadores que cobran a comisión por ejercer el oficio de conseguir abonados para sus empleadores, y cuyas técnicas en muchos casos no se diferencian en nada de las que utilizan los comerciales que, de puerta en puerta, firman contratos con multinacionales telefónicas, eléctricas o del gas. Los empleados, además, sufren duras condiciones laborables y deben conseguir un número mínimo mensual o semanal de abonados, so pena de ver peligrar sus precarios puestos de trabajo. De ahí las técnicas agresivas que muchos de los que paseamos habitualmente por esas calles sufrimos, con preguntas intimidatorias o incluso apelativos nada cariñosos que tratan de conseguir una reacción cualquiera. Saben que alguien que se detenga ya es parte del éxito. No es posible pedir a las empresas que los destinan a esas calles moderación, pero sí compete a la Administración local asegurarse de que las calles son para el ciudadano y no para las transacciones comerciales, sean con la excusa que sean. Si estas ONG necesitan recaudar fondos en las calles que se les asignen mesas petitorias en sitios fijos donde sus captadores puedan moverse alrededor de ellas, informando a quienes pasen cerca o a quienes, voluntariamente, se acerquen a esos puestos. Dejemos así de perjudicar tanto al comerciante como a quienes nos gusta circular para ir a nuestras casas o a un comercio, y que una, dos y hasta tres o cuatro veces por tanda nos vemos expuestos a la cantinela del captador.

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