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Historia de las librerías y los libros en Oviedo (2)

La ciudad, una gran biblioteca

A mediados del XIX proliferaron por toda la capital establecimientos que difundieron el saber autóctono y el foráneo, y que además se convirtieron en centros de reunión

12.12.2015 | 04:41
Un ejemplar de "Memorias asturianas". A la derecha, portada de un libro histórico antiguo.

Igual que en la actualidad en Oviedo predominan las zonas de bares y sidrerías, en el padrón de Junio de 1833, podríamos decir otro tanto, sólo que en lo relativo a las abundantes librerías. En La calle Solazogue, actual San Antonio, en los números 6, 7, 8, 14 y 15 figuran las de Bernardo Longoria, Ramón Casielles, Francisco García Longoria, Nicolás Bode Longoria y Manuela Acero. En la calle de la Ferrería número 4 se situaba la de Nicolás García Longoria que, años más tarde, su hijo Nicolás Longoria Acero trasladaría a la calle Magdalena, esquina con la plaza de la Constitución.

En la calle de la Ferrería, esquina San Antonio -conocida por los Cuatro Cantones- estaba la Librería Casielles (fundada en 1842). Admitía suscripciones a El Eco de Numancia y a El Faro de Asturias y funcionó hasta el último tercio del siglo XIX.

En el número 26 de la misma calle, hacia el año 1870, se abrió la de Álvarez. Frente por frente al Arco del Postigo, en una casa que anteriormente había acogido las caballerías en las que llegaban a la ciudad los viajeros, abrió, en la década de 1840, Rafael Cornelio, como agente de la venta de las obras del Círculo Literario Comercial, "La España Dramática", que eran comedias cortas apropiadas para aquellos que fueran a pasar pocas horas en la ciudad y debieran esperar que se les abriesen las puertas para entrar en ella.

Hacia 1856 abre las puertas en la calle San Juan, esquina Platería, se inauguró la Librería Galán. De la misma época, como fruto de la asociación de Cándido Lueso y Juan Martínez se abrió la Librería Martínez, en la Plaza Mayor, esquina a Magdalena, que además era almacén de papelería y de libros rayados y en blanco.

Como el resto, debían de defenderse con la venta de papelería, impresos y libros oficiales, además de los libros de texto de la universidad. La Librería Martínez, a buen seguro, sería el lugar en donde paraba Clarín unos instantes, siempre, cuando iba de paso hacia la Universidad. Así lo cuenta Adolfo Posada en su biografía.

La sociedad duró tres años escasos. Luego prosiguió en el mismo local y Martínez se estableció en la calle Cimadevilla, quizás en el número 1. El Correo de Asturias, del miércoles 2 de agosto de 1893, da cuenta de su traslado a "la planta baja de la magnífica casa señalada con el número 1 en la Plazuela de Riego".

Sin duda, fue la librería más importante de aquel Oviedo. De ella comentan que no tenía nada que envidiar a las mejores de su género establecidas en Madrid. Martínez estaba relacionado con los mejores editores y libreros de aquella época: Brugarola, Victoriano Suárez, Fernando Fe, Calleja, Maucci, Juan Gili, Hernando, Montaner y Simón, El Mensajero del Corazón de Jesús, Espasa y Compañía.

Allí comenzó a fraguarse en Oviedo lo que anteriormente se reducía a las tertulias de boticarios, el comadreo, junto con la pasión de despellejarse mutuamente intelectuales y escritores, sin olvidarse jamás de desplumar a cualquiera que despuntase en el arte de las letras, como local o foráneo. Los mentideros literarios, poco a poco, se trasladaron a la trastienda de las librerías. Fermín Canella, Clarín, Aramburu, Adolfo Posada, Sarandeses, Berjano, Melquiades Álvarez, el obispo Martínez Vigil, eran algunos de los asiduos.

A finales del XIX se publicó la que sería primera obra en fascículos: "Asturias" de Bellmunt y Canella. Probablemente la obra más importante publicada sobre Asturias y base para todos los estudios realizados con posterioridad; historia, geografía, arte, literatura, antropología, etnografía, folclore?, son tratados con rigor y profundidad por verdaderos especialistas de cada tema.

No podemos dejar en el tintero a la Librería Orbón (1884) en la calle del Sol número 5; la Librería y taller de encuadernación de don Mariano Russell (1893), en la calle del Carpio, especializada en artículos eclesiásticos.

A ellas se unen la antigua Librería la Paz, de Aniceto Boves, en la calle Jesús, número 24; la de Guillaume en Magdalena y el Crédito Literario, en San Antonio número 7, propiedad de Damián Lavandera.

Llegamos ya a los primeros años del siglo XX, cuando todo lo relativo a los libros, sucede igual que en la actualidad. El escritor Antonio Fernández Martínez, natural de Celorio y autor del libro "Pinceladas", en una feria del libro le dice un librero: "como los periódicos no le den un poco de bombo, creo que no se venderán más ejemplares". Había vendido dos, y prosiguió: "aún con el bombo no le arriendo la ganancia, por lo que voy observando".

Nada ha cambiado al día de hoy. Prensa y televisión siguen siendo fundamentales a la hora de promocionar cualquier libro, para convertirlo en un éxito de ventas.

Creo que es muy interesante conocer lo qué leía la sociedad ovetense y asturiana en aquellos momentos. El público, en general, para elevar sus conocimientos y adaptarse a los nuevos tiempos, estaba muy centrado en libros tales como manuales de urbanidad, pesca con caña; de cocina, cría de animales domésticos; fabricación casera de bebidas alcohólicas; trabajos manuales; talla de diamantes y madera; tratados de joyería y platería; encuadernación y técnica de bailes de salón.

En cuanto a preferencias literarias hay que citar la gran demanda que tenía la Obra de Masonería, de Tirado y Rojas; autores clásicos y latinos; la "Historia de España" de Picatoste; "Los jesuitas puertas adentro" y "El imperio del jesuitismo"; "Ivanhoe"; "El Atlas de la Guerra de la Independencia"; "La Dama de las Camelias"; "Los tres mosqueteros"; "El Quijote"; "La Divina Comedia"; "El Paraíso perdido". Y autores convertidos hoy en clásicos, como Pérez Galdós, Menéndez y Pelayo, Zorrilla, Julio Verne, Dostoievski, Maupassant y Turgueniev.

Entre los autores asturianos destacaba Vital Aza con "La praviana"; Ramón de Campoamor; Armando Palacio Valdés, Leopoldo Alas y pocos más. Mal iba el negocio editorial cuando de un libro fundamental dentro de la bibliografía asturiana como "Memorias asturianas", de Protasio González Solís y Cabal, publicado en 1890, se vendieron alrededor de quince ejemplares.

Fermín Canella en la "Guía de Oviedo" publicada en 1888, en el apartado de librerías cita las siguientes: la de Juan Martínez, sita en la Plazuela de Riego; la de Francisco Galán, en la calle San Juan; El Crédito Literario, en la calle San Antonio); el establecimiento de Damián Lavandera y las librerías de Pumares y Rossell, en la calle del Sol.

La "Guía de Oviedo", publicada en Ávila por el taller de tipografía y encuadernación de Senén Martín en 1925, cita estas otras librerías que se enumeran a continuación: José Alonso Suárez (al lado del Palacio Episcopal); Celestino Collada Vega, en Uría, 26; Ángel Fernández Astorga, en la calle José Tartiere, 26; Julio y Víctor Galán en San Juan, 2; Cipriano Martínez ubicada en la Plaza de Riego, 2; Marquínez y Moreno, en Fruela, 20; Celestino Morilla, situada en Argüelles, 15 y la librería de José Pérez López, en la calle Doctor Casal, 7.

A estas, para en cierta forma completar esta presentación, debemos añadir la de Carlos Menéndez, (1903) en Uría 22; la de Ladislao Hería, (1907) Uría 22; La Carpeta (1916) en Rúa 10; La Esfera (1925), en la calle Mendizábal y Heliodoro Benedet (1914) en Argüelles.

Por supuesto, antes de finalizar, debo mencionar los libros de A. García Oliveros, "La imprenta en Oviedo (1956), y el de Juan Fernández de la Llana Granda "Un estudio sobre el Oviedo viejo: sus librerías" (1974). En la actualidad Oviedo puede presumir de ciudad culta que justifica la existencia de estupendas librerías, algunas dedicadas a los libros antiguos, auténticos templos para los enamorados de los libros.

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