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Gente de Oviedo

"Me echaron de dos institutos por no tener certificado de buena conducta"

"Nací en la calle Gascona y viví una infancia muy feliz en el seno de una familia de músicos; ahora me arrepiento de no tocar bien el piano"

13.02.2016 | 04:51
Álvaro Ruiz de la Peña Solar, frente al Jardín de los Reyes Caudillos.

Álvaro Ruiz de la Peña Solar, doctor en Filología Románica, profesor titular de Literatura Española de la Universidad de Oviedo y director del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, nació en una familia de músicos y hombres de letras. No le quedaba otra que seguir la tradición familiar y estudió Filosofía y Letras. No llegó a prosperar con el piano, del que su padre era un virtuoso, algo que sí hicieron sus dos hermanos. Su infancia va ligada a la calle Gascona y al colegio Loyola, donde aprendió poco con los Escolapios y se rió mucho con compañeros que luego fueron amigos del alma. La juventud rebelde contra el régimen de Franco le pasó factura y la dilación del certificado de buena conducta truncó su carrera como profesor de instituto. Le expulsaron de dos. Casi fue mejor el remedio, porque el rector José Miguel Caso, experto jovellanista, le llamó para trabajar con él en la Universidad. Allí empezó el largo flechazo con el siglo XVIII.

Infancia feliz frente a la estación del Vasco. "Nací en la calle Gascona frente a la estación del Vasco. Tuve una infancia muy feliz, en una familia musical en la que se cantaba mucho. Nos reuníamos y aquello era como una fiesta permanente. Ese es el recuerdo que siempre me acompaña".

Músicos, curas y catedráticos. "Mi tío Ignacio era organista de la catedral de Oviedo. Tras él vino la familia, originaria de Burgos, entre ellos mi abuelo, que era sastre. Mi padre, Luis Ruiz de la Peña, era músico y funcionario municipal, un gran pianista, compositor de música polifónica y autor de las zarzuelas "La Trainera" y "Los Corales", que se estrenaron en el Filarmónica. Voy a morir sin ver la reposición de "Los Corales", una gran obra, alabada por Benito Lauret, que dirigió la Orquesta Sinfónica de Asturias. Mi padre, nacido en Laredo, dirigió el Orfeón Ovetense, con más de 100 voces. Mi madre, María Teresa Solar, era ama de casa. La perdimos muy pronto, a los 48 años. Mi hermano Juan Luis, teólogo, hizo la carrera de música en Roma y tenía una discoteca deslumbrante. Sus libros se tradujeron a numerosos idiomas. Murió a los 57 años. Juan Ignacio es catedrático de Historia Medieval y también toca el piano. Yo no hice caso a mi padre y ahora me arrepiento de no ser capaz de interpretar un estudio de Chopin. Para eso había que estudiar duro y yo no estaba por la labor. El bachiller lo hice en el colegio Loyola, con los Escolapios. No aprendí nada. Yo era de letras, compañero del que fue corresponsal de LA NUEVA ESPAÑA en el Occidente, Jorge Jardón, fallecido recientemente, de Rodrigo García Estrada y Víctor Botas, que tampoco está ya en este mundo. Los curas eran personas muy rudas y bastante ignorantes. Entre ellos no había ningún titulado universitario. Esas lagunas las pagué en la Universidad. El recuerdo que tengo del colegio no es muy positivo, pero lo pasaba muy bien. En PREU me dio por leer a las generaciones del 98 y del 27. A los curas tampoco les gustó que les recordase la vida de San José de Calasanz, fundador de las escuelas Pías, para personas sin recursos. La caridad auténtica no la practicaban mucho. A los alumnos gratuitos los tenían marginados. Salían al recreo a otras horas y sus aulas estaban en el sótano. La Universidad tampoco fue un campo de experimentación positivo. Mi formación filológica debe mas a las lecturas que a las clases. Aún así estábamos a años luz de los alumnos actuales. Veíamos mucho cine y discutíamos de política. Eso parece que está recuperándose un poco".

La bacaladera de Burdeos y el drama de los emigrantes. "En el verano de 1965 había acabado primero de Filosofía y Letras. Me fui con mi amigo Gonzalo Sancho a trabajar a Burdeos. Allí me di cuenta del drama de los emigrantes españoles. Nos levantábamos a las cinco de la mañana para ir a la bodega de una bacaladera. Aguanté un mes y con el dinero que gané me dediqué a viajar por toda Francia. Dormíamos tres en la habitación de una pensión infame. Yo era un poco señorito y descubrí las duchas de la Facultad de Medicina. Era verano y no había nadie. El conserje, que era un exiliado español, me dejaba pasar".

Mili terrorífica en León. "Había hecho mis cosas en la Facultad, y me tenían fichado. Estuve detenido con el célebre Claudio Ramos. Así que me negaron el certificado de buena conducta y me mandaron a la mili a León. Lo del cuartel fue una experiencia terrorífica. Aguanté gracias a los alféreces de complemento que nos ayudaban mucho. Éramos una cofradía de desgraciados que sobrevivimos de milagro. La falta de certificado me siguió dando problemas. Me echaron de dos institutos con la plaza concedida. En 1972, con 26 años, me casé . Franco me obsequio con el certificado. Y menos mal que José Miguel Caso, el padre de Ángeles Caso, me propuso trabajar con él en la Universidad, donde el certificado no importaba".

Fascinado por el siglo XVIII. "Había hecho una tesina sobre los premios Planeta. No tenía ningún interés en el siglo XVIII. Cuando lo descubrí, me fascinó y acabó siendo mi pasión investigadora. El XVIII es alfa y omega de la Historia de España, con el se empezó una modernidad truncada con Fernando VII. Entonces Oviedo tenía 12.000 habitantes y estaba llena de monjes, funcionarios y una burguesía emergente".

Esperanza en el futuro. "La gente critica a estos nuevos gobernantes de Oviedo. Yo creo que son gente de buena voluntad. Conocí un Oviedo mas sucio y mas triste, pero mas habitable. Tengo Tres hijos una musicóloga, otro licenciado en Arte y el pequeño, que vive con nosotros. Son mi mejor obra".

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