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Un boxeador de Las Regueras reanima a puñetazos el corazón de un infartado

"No tenía ni idea de hacer el masaje cardiaco, le di derechazos hasta que abrió los ojos"

23.02.2017 | 20:28
César Treceño, con su hijo César Ismael, reproduciendo la técnica que utilizó para reanimar a su compañero de trabajo.

En 59 años de vida César Treceño nunca había pasado tanto miedo, ni siquiera en el ring de boxeo cuando veía venir el gancho inesperado del rival que lo podía dejar "KO" en una esquina. El viernes pasado, cuando vio a su compañero de trabajo "morir" a su lado mientras conducía el coche en el que viajaban sintió de verdad lo que era el miedo. Pero en lugar de huir, lo utilizó como aliado para reaccionar. Se dio cuenta de que su colega podía estar sufriendo un infarto al zarandearlo sin respuesta. No tenía ni idea de cómo hacer un masaje cardiaco, lo había visto en la tele, pero nunca se había encontrado en una situación semejante... Sabía que tenía que hacer algo, y rápido. Así que se dejó llevar: el boxeador retirado empleó su puño y su fuerza para reanimar el corazón. Colocó la palma de la mano izquierda sobre el pecho del compañero y con la derecha comenzó a golpearlo hasta que al final abrió los ojos.

"No sé si fueron tres o siete golpes, no tenía mucho sitio, porque estaba sobre el volante y con la cabeza apoyada en la ventanilla. Hubo un momento que abrió los ojos y pestañeó, estaba vivo. Qué miedo pasé, madre del alma...", explica Treceño. A las siete y veinte de la mañana del pasado viernes día 5 César y su compañero de trabajo en el Ayuntamiento de Las Regueras salieron de tomar el café en la Cabaña de Conce de Santullano para arrancar el día. Cogieron el coche para dirigirse al almacén de maquinaria. "Sólo habíamos circulado ochenta metros cuando me dijo 'César, estoy poniéndome malo'. Le dio tiempo a pisar el freno y apagar el coche y luego se desplomó", relata Treceño recreando una escena que no olvidará. Después de reanimar al trabajador municipal (que conoce desde hace más de diez años) salió del coche para pedir ayuda. "Pegué unos alaridos que me oyeron hasta en Grado", rememora. El resto de compañeros fueron en su ayuda y entre todos cubrieron al herido en una manta, llamaron a los servicios de emergencia y sacaron al hombre del coche. "Se volcaron todos, no fui yo solo", relata este vecino de Areñes, en Las Regueras, un conocido boxeador ovetense en la década de los setenta, que llegó a alzarse con el título de campeón de Asturias de peso ligero.

Cuando llegaron los servicios de emergencia en una uvi móvil del Servicio de Atención Médica Urgente (Samu) la médica encargada del equipo pidió hablar con César Treceño. En un aparte le explicó que lo que había hecho probablemente había salvado la vida de su compañero, que se recupera, ya en planta, en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA).

"Ese día los compañeros teníamos una comida. Todos estamos esperando a que vuelva pronto para recibirlo con un abrazo, como se merece, y celebrar esa reunión que tenemos pendiente", cuenta este vecino de Las Regueras, quien, tras pasar por esta dura experiencia, se queda con una reflexión vital: "Hay que tener mucho respeto a todo, pero ahora sé que el miedo es mi amigo".

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