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"TENGO MÁS MANO PARA LA REPOSTERÍA QUE PARA LA COCINA; FUI APRENDIENDO EN EL GREMIO DE ARTESANOS Y CON UNA SEÑORA QUE ERA DE SAMA"

"Mi madre hacía muy bien el hojaldre, de ella aprendí cómo prepararlo"

"No voy mucho al centro de Oviedo; prefiero quedarme por la Tenderina, que es mi barrio, y de vez en cuando pasear hasta Abuli"

20.02.2016 | 04:38

El carácter de María Esther Álvarez Fernández va a la par con una de sus grandes pasiones: la repostería. De voz suave y trato agradable, desgrana poco a poco sus recuerdos de infancia y juventud en su casa del barrio de La Tenderina, en Oviedo, donde vive hace ya 37 años. "Yo nací en Buenos Aires, en Argentina, donde emigraron mis padres, Primero emigró ella y luego él. Se conocieron allí y se casaron", dice al tiempo que matiza que poco tiempo después regresarían a la tierra de su raíces: Morcín. Y matiza: "mi madre era de Lavarés y mi padre de San Sebastián de Morcín".

Con su corazón a camino entre Oviedo y el concejo paterno, Esther Álvarez forma parte de la Asociación So La Malena, formada por mujeres de Morcín tanto para promocionar el propio concejo como para llevar a cabo diferentes actividades conjuntas de ocio. Una de las más conocidas es la organización del mercado rural de otoño en Santa Eulalia de Morcín. Todas ellas son, como Esther, buenas guisanderas y reposteras. Eso si, las casadielles cuando menos corren de la mano de esta mujer que encuentra enormes satisfacciones elaborando todo tipo de postres y dulces, algo que sin duda traslada a sus elaboraciones y las c convierte en todo un éxito a la hora de venderlas en los mercados que participa La So La Malena.

Casada, madre de Iván y Sandra y feliz abuela de Adrián, hijo de Iván y Rebeca, no cabe duda alguna que todos ellos son afortunados de compartir con ella su afición por la buena mesa y cuanto les endulza la vida. Además de las casadielles de hojaldre al horno, borda algunas tartas como la de manzana o la de almendra, por citar apenas dos de sus especialidades.

No cabe duda que verla hacer el hojaldre es todo un espectáculo, pues implica un trabajo constante y maestro. No es, sin duda, una elaboración para primerizos.

"Yo tengo más mano para la repostería que para la cocina en general. Fui aprendiendo del gremio de artesanos, cogiendo recetas de aquí y de allá y también con una señora de Sama. El hojaldre lo hacía muy bien mi madre, con ella aprendí la técnica", recuerda mientras va rellenando las casadielles y la cocina se inunda del olorín de la mezcla con el anís dulce.

Su barrio es la Tenderina y por él le gusta perderse. Ha cambiado mucho y para mejor. "Se fue construyendo mucho, tenemos buenas comunicaciones por autobús. En cuanto al vecindario, hay gente joven y mayor, de todo un poco, dependiendo de la zona. Es un barrio con mucha vida. De hecho yo voy poco al centro, me gusta más quedarme por aquí", señala. Entre algunas de sus actividades le gusta caminar y de vez en cuando lo hace por la zona. "Me muevo por el barrio. A veces voy caminando hasta Abuli y salgo en Colloto", afirma.

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