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Pediatra | BEGOÑA DOMÍNGUEZ AURRECOECHEA

"El pediatra debe conocer a la familia para hacer un buen tratamiento"

"Lo relevante es autorresponsabilizar a las personas sobre su propia salud, no que el médico patrimonialice el saber y la toma de decisiones"

27.02.2016 | 04:13
Begoña Domínguez, en Oviedo.

Begoña Domínguez Aurrecoechea (Bilbao, 1950) estudió medicina en Santiago de Compostela, trabajó en la localidad gallega de La Estrada -donde también fue concejal- y en 1981 comenzó a ejercer en Asturias, inicialmente en el ambulatorio de La Lila y, desde 1989, en el centro de salud de Otero, ambos en Oviedo. En agosto de 2015 se jubiló, y hace unos días puso término, de forma voluntaria, a seis años al frente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. Comprometida políticamente desde su juventud desde una posición de izquierdas, en la actualidad no milita en partido alguno, pero sí esgrime una argumentación impregnada de preocupación social.

-¿Por qué ha dejado antes de tiempo la presidencia de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria?

-Pienso que, una vez jubilada, hay que dejar espacio a los jóvenes. El conocimiento de tu realidad te permite ser más práctico, más imaginativo y, sobre todo, desarrollar la asociación según las necesidades reales. Veo imprescindible estar en activo para dirigir cualquier tipo de entidad.

-¿Se planteó seguir trabajando, quizá en la sanidad privada?

-No, nunca he trabajado en la privada. Siempre he tenido claro que la sanidad debe ser pública, universal, gratuita y de calidad. Entiendo que haya un sector privado y que tiene un papel, pero nunca he querido trabajar en él.

-¿Qué papel le atribuye?

-La sanidad privada no tendría por qué existir si desde la pública ofreciéramos a la población todo lo que necesita. El problema es que la sanidad pública tienen sus déficits, y deja lugar al desarrollo de la privada. Hay centros privados que funcionan estupendamente y otros que no tanto, igual que ocurre en la pública.

-¿Qué sanidad pública se encontró al llegar y qué sanidad deja?

-Cuando terminé mi especialidad decidí trabajar fuera de los hospitales.

-¿Por qué?

-Porque entiendo que la atención que debemos prestar a la población infantil debe ser integral, y esto significa conocer a las familias, escuchar sus demandas y sus problemas. Es imprescindible conocer a la familia para hacer un buen diagnóstico y un buen tratamiento. Así conseguimos que las familias y los niños dependan menos de nosotros, y que su responsabilidad y autonomía sean mucho mayores.

-Empezó en ambulatorios.

-He vivido una serie de mejoras radicales. Ahora resolvemos en primaria el 90 por ciento de los problemas. Sin embargo, cuando llegué, apenas había pediatras en atención primaria.

-¿Ha notado un declive en los últimos años?

-Cuando la reforma sanitaria se puso en marcha, los profesionales veíamos los cambios y participábamos en ellos. Un ejemplo: los niños con asma estaban muy mal controlados, ingresaban con mucha frecuencia, apenas podían hacer deporte porque se ahogaban... En Asturias pusimos en marcha un plan casi pionero y las cosas mejoraron mucho. Teníamos recursos para hacer cosas y se nos daba formación. Pero llega un momento en el que la exigencia de la Administración aumenta y los recursos son menos. Y lo peor es que no se evalúan las actividades que se realizan.

-Sus colegas se quejan mucho.

-El problema de que no haya sustituciones es importantísimo. La reducción de los recursos ha influido muy negativamente en los últimos años.

-Los pediatras asturianos desempeñan cargos de responsabilidad a nivel nacional.

-La pediatría asturiana de primaria, que es la que conozco, ha sido pionera a muchos niveles. Ha habido un colectivo de profesionales muy implicado en la mejora y, en bastantes ocasiones, una Administración sensible a nuestras demandas. También es verdad que en Asturias hay poco niños, y eso se tradujo en poder trabajar en mejores condiciones.

-¿El pediatra tiende a primaria o a hospitales?

-En general, el pediatra, como todo el mundo, tira a lo que conoce. Cuando en la Facultad te formas en la enfermedad, es lógico que optes por curar enfermedades. Cuando en tu etapa de residente te formas en el hospital y la rotación por primaria es mínima, el conocimiento no llega muy lejos. A los médicos recién formados lo que les gusta es trabajar en cuidados intensivos y en neonatología, donde tienes esa sensación de estar salvando vidas.

-Te sientes más médico.

-Te sientes más médico y no percibes la importancia de la educación de la población, que es lo que realmente salva vidas a medio y largo plazo. Si educas a la población en unos hábitos saludables vas a evitar que enfermen, pero eso no se ve. Por eso las inversiones en prevención son siempre menores, porque sólo se ven a largo plazo. A corto plazo se ve un trasplante o algo que llama mucho la atención, pero no estas acciones que van a disminuir la diabetes, la hipertensión, la enfermedad coronaria...

-¿Se ha encontrado con padres reticentes a vacunar a sus hijos?

-En mi consulta tuve dos familias, pero terminaron vacunando a sus hijos. Las vacunas son la forma de prevención más importante a lo largo de la historia, después del saneamiento de las aguas.

-¿Echa en falta alguna? Hay debate sobre la vacuna de la meningitis B.

-También tiene que estar, y supongo que terminará estando.

-Las autoridades sanitarias suelen mostrarse reticentes al principio.

-Creo que es un motivo económico. Las vacunas suponen dinero que hay que invertir ya y cuyos resultados de prevención sólo se ven a medio y largo plazo. Eso hace que los resultados políticos no sean rentables.

-¿Cómo ha evolucionado el perfil del niño?

-En las familias había varios niños, tres o cuatro, que convivían y se arreglaban entre ellos. Muchos vivían en un medio rural, en el que, de algún modo, todo el mundo se hace cargo de ellos. Ahora, en el ámbito urbano apenas existe relación entre unas familias y otras. Luego se pasó a una etapa de permisividad, en la que estaba mal visto hasta reprender a un niño, sobre todo por parte de aquellos padres que estaban poquísimo tiempo con sus hijos y que tenían mala conciencia por ello.

-¿Consecuencia?

-Un tipo de niño que lo tiene todo, que no valora nada, que crece sin normas ni autoridades claras ni sentido de la responsabilidad. Son absolutamente vulnerables ante los que sí tienen normas y han aprendido a ser los que mandan. Por otro lado, están los niños de familias estructuradas, que crecen en familias con criterios coherentes y claros, con responsabilidades, sanciones y premios, y sobre todo con su cariño y afecto, que es lo que está faltando. Se confunden el cariño y el afecto con la permisividad, con la tolerancia al cien por ciento, y eso no es correcto.

-¿Eso repercute sobre la salud?

-Muchísimo, porque las familias que tienen unas normas claras enseñan a sus hijos, por ejemplo, a comer de forma sana. Pero los padres tienen que practicarlo, porque los niños, en la primera infancia sobre todo, aprenden por imitación, no por palabras.

-¿Está excesivamente medicalizada la vida de los niños?

-Sí. Y estamos intentando evitarlo. Desde la Asociación Española de Pediatría hemos hecho una serie de decálogos para que las familias tengan información veraz y rigurosa. El objetivo es desmedicalizar la vida y proporcionar autonomía al paciente. Lo relevante es autorresponsabilizar a las personas sobre su propia salud, que elijan lo mejor para su salud, no que el médico patrimonialice el saber y la toma de decisiones.

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