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La fantasía como modo de vida

"Ya nadie te margina por leer manga", dice la ilustradora Irene Calleja, que presenta sus impactantes dibujos en la Sala Borrón

11.03.2016 | 17:15

"De pequeña era la rara. La chica a la que le gustaban cosas de chicos. Los cómics, las series animadas japonesas, los videojuegos y la ciencia ficción. Ahora, aunque sigue habiendo etiquetas, nadie te margina porque consumas cine de la Marvel o leas manga", afirma Irene Calleja (Blimea, San Martín del Rey Aurelio, 1982). La joven presenta por primera vez en Oviedo sus ilustraciones, en la muestra "Fantasía ilustrada", que estará hasta el 23 de marzo en la Sala Borrón. Sus dibujos son profundos, miran y agitan el interior del espectador. Y hablan de ella, de sus dos caras, de la más oscura y tímida y de la más fantasiosa y colorista; y casi siempre a través de un rostro femenino.

A pesar de que nunca pensó que podría llegar a vivir de la ilustración, después de dar algunas vueltas, lo ha conseguido. "Siempre me gustó dibujar chicas, superheroínas. Desde niña creaba mujeres que reflejaban lo que yo no podía ser, que poseían esos poderes con los que yo soñaba. Soy bastante introvertida, y utilizo el dibujo para sacar cosas que me suelo guardar para mí", afirma. Recuerda cómo desde que aprendió a coger un lápiz, pintaba todo lo que se le ponía por delante. "Cuando iba a comer a un restaurante con mis padres, como el mantel fuera de papel, lo llenaba de dibujos", cuenta. Su hermano fue su compañero en las partidas de la consola o en el sofá viendo X-Men, sus inicios en el mundo de la ciencia ficción y la ilustración. Pero, a pesar de que lleva toda la vida dibujando, cuando llegó la hora de la universidad, se decantó por otro camino. "Estudié Filosofía en Oviedo, me parecía imposible poder llegar a vivir de la ilustración". Cuando terminó, en 2008, encontró gracias a una amiga el programa de la Escuela Superior de Dibujo Profesional de Madrid. "Estaba muy centrado en el cómic y los videojuegos. Le eché valor y me marché". Poco a poco, su sueño se fue haciendo realidad. "Me empezaron a encargar proyectos pequeños, retratos y cosas más realistas, pero me pude establecer como freelance". Luego llegaron los encargos de algunos cómics, libros de ilustración, tazas, camisetas y bolsos con sus creaciones y las primeras exposiciones, en Blimea y Sotrondio. "Mi objetivo es centrarme en el mundo editorial", reconoce. Y lo conseguirá. Porque sus dibujos, con una técnica brillante, son emoción pura.

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