¿Cómo... resistir la hostilidad cultivando la acogida y la hospitalidad?

El ser humano alcanza la plenitud si se abre al resto de sus congéneres

12.03.2016 | 04:49
¿Cómo... resistir la hostilidad cultivando la acogida y la hospitalidad?

Cuando soplan vientos contra la seguridad, se disparan miedos sobre el bienestar. Según Maslow, aquella es básica para alcanzar éste. Y, si bien lo refería al sujeto individual, tal jerarquía es aplicable al comportamiento colectivo. Es sabido que somos seres sociales, que no nos hacemos solos, cual islas: nuestro ser es "ser-con"; nuestro vivir, "ir-con", "acompañar", y eso nos constituye. "Quizá el cinco o el diez por ciento de nuestra vida la hacemos nosotros, pero el noventa por ciento la hacen los otros, porque vivimos en comunidad. Interactuamos, e incluso nuestras decisiones están condicionadas por las decisiones ajenas" (Saramago). Bienestar y realización personal pasan ineludiblemente por la dimensión comunitaria. Hay que abrir caminos más allá de lo individual y alcanzar al sujeto comunitario, pues de lo contrario todos estaremos mal.

En suma: yo soy si tú eres. El Bien nunca germinará en el humus de la hostilidad y la inhumanidad. La dimensión comunitaria es esencial si de verdad se persigue la realización personal, que jamás llegará olvidando nuestra condición de seres-con-otros. Así, es preciso, al menos:

-Rechazar la máxima "si quieres la paz, prepara la guerra".

-Resistir al principio que dice "el hombre es un lobo para el hombre"

-Cultivar la hospitalidad que rechaza la hostilidad. Practicar la hospitalidad contradice tanto la máxima como el principio anteriores mostrando una manera de vivir humana y constructiva. Por su parte, la hospitalidad implica: acoger al extraño y diferente, haciéndolo parte de nuestro mundo, sobre todo cuando es vulnerable y recuperar la dimensión de la acogida, que "saca a la luz la estructura básica del ser humano, ya que existimos porque, de alguna manera, hemos sido acogidos" (Boff).

La acogida nos constituye, ya que la hospitalidad conecta con nuestra condición de seres necesitados de cuidado. Es preciso vivir la radical condición de seres desvalidos y haber sido acogidos gratuitamente para comprender la hospitalidad como antídoto contra la hostilidad e inhumanidad. Algo comprensible incluso para niños ilustrándolo, por ejemplo, con un bebé. ¿Qué hacer? Veamos algunas actitudes y gestos sencillos:

Fomentar relaciones de cercanía y proximidad. Avecinarse amasando vínculos sociales de confianza y apoyo mutuo.

Realizar actividades conjuntas. y decir bien de los otros. Es necesario poner diques de contención a la sospecha, cuestionar bulos, clichés y prejuicios. El rumor se difunde cual reguero de pólvora: urge impedir que se encienda o apagarlo cuanto antes. Y eso exige cultivar, educar esas actitudes.

Un abuelo explicó a su nieto que dentro de las personas luchan dos lobos. Uno es ira, odio, agresión, insolidaridad, hostilidad. El otro lobo es amor, acogida, empatía, solidaridad y hospitalidad. "¿Y qué lobo gana?", preguntó el niño. "El que tú alimentes", respondió el abuelo. Nos toca abrir espacios de paz en nosotros y extenderlos poco a poco a los demás.

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