Gente de Oviedo

"Vivir en Oviedo es un privilegio, nos damos cuenta cuando nos marchamos"

"Mi padre es quien más me ha marcado en la vida, me transmitió la pasión por las cosas bien hechas y la seriedad en cualquier proyecto"

12.03.2016 | 04:49
Luis Bodes, en el patio del hotel de la Reconquista.

Luis Bodes (Oviedo, 1965) es propietario en Valencia de una de las boutiques de moda para hombre más importantes de Europa: Hannover 1998. El empresario llegó a la ciudad al casarse con su esposa, Marta Aznar, a la que conoció en la Universidad de Navarra, donde ambos estudiaron. En sus comienzos profesionales trabajó en un grupo editorial en Madrid y regresó a Asturias para comenzar junto con Santiago González-Alverú su primera aventura empresarial con un negocio de camisas a medida a bajo precio. Después llegaron otras iniciativas hasta la fundación de la empresa de moda que le ha valido ya varios premios. El más reciente, el concedido por la tertulia "EntreComillas" que recibió el pasado cuatro de marzo en Oviedo.

Veranos en Luanco y estudios en Los Robles. "Nací el 7 de Julio de 1965 en Oviedo. Con tres días ya me llevaron a veranear a Luanco, de donde tengo los mejores recuerdos de mi infancia, junto con los años que estudié en el colegio Los Robles. Allí tuve la fortuna de coincidir con compañeros de esos a los que ya consideras amigos para toda la vida. Estudié primero de Derecho en Oviedo y en segundo curso me fui a la Universidad de Navarra. En Pamplona conocí a mi mujer, Marta Aznar, que estudiaba Periodismo y es la culpable de que vivamos en Valencia".

Oviedo, siempre en la mente. "Valencia es una ciudad muy agradable, con buena calidad de vida y un clima fantástico, pero a pesar de llevar ya 23 años en ella, no hay un solo día en el que no me acuerde de Oviedo. Me encanta presumir de asturiano y así se lo he inculcado a mis cinco hijos. He conseguido, por mi insistencia, que muchos valencianos vayan a conocer Asturias y que vuelvan encantados. Además son muchos los que cuando viajan a la región me preguntan por sitios para visitar, restaurantes, hoteles y tiendas, claro".

Corazón azul en la distancia. "Mi apoyo incondicional al Real Oviedo no se discute. Me he tragado con mis hijos estos últimos años de penurias del Real Oviedo, viendo los partidos como podíamos por internet, mientras el Valencia jugaba en Champions. Aún en los peores momentos, los niños seguían presumiendo ser del Real Oviedo y del respaldo que tenía el equipo. Eso despertó muchas simpatías. Unos grandes amigos son consejeros del Levante y accionistas del Oviedo".

La querida figura paterna. "Mi padre, un hombre discreto, muy, muy bueno, y como empresario un gran humanista, es la persona que más me ha marcado en mi vida. Siempre quiso transmitirme la pasión por las cosas bien hechas, la seriedad a la hora de desarrollar cualquier proyecto y, sobre todo, me enseñó a avalorar y apreciar a los empleados". Fundó negocios muy conocidos en la ciudad como las confiterías Santa Cristina y Monterey, la cafetería Abantos, la cafetería de la Renfe y Bogar. Fue pionero en lo que hoy se conoce como catering. En los años 50 ya tenía una organización perfecta con más de 50 empleados para atender durante muchos años a la Ópera, las recepciones del Ayuntamiento y de la Diputación, cócteles de bancos y bodas. La verdad es que jamás hizo ni un pastel, pero sí sabía y tenía habilidad para ir a Barcelona y convencer a los mejores maestros pasteleros para venirse a trabajar a con él. Su mejor lección fue enseñarnos con el ejemplo a tratar con mucho cariño y respeto a los empleados, preocupándonos de sus problemas y necesidades".

Embajador de Asturias. "Cuando corrí el Maratón de Nueva York, en la camiseta llevaba las banderas de España y Asturias. Vivir en esta región es un privilegio y los asturianos no nos damos cuenta de ello hasta que nos marchamos. Tener el Cantábrico cerca, contemplar ese paisaje único, poder esquiar a menos de una hora de tu casa, y compartir el corazón tan grande que lleva cada asturiano, tiene un valor incalculable".

Una gran familia, la empresa más exitosa. "Mis dos hijas mayores nacieron en Oviedo. Los otros tres en Valencia. Todos se consideran asturianos al cien por cien. Disfrutan muchísimo cada vez que venimos a pasar unos días y se identifican con cualquier símbolo que transmita asturianía. He tenido la inmensa fortuna de tener unos padres que nos educaron para que tuviéramos muy clara nuestra escala de valores. La familia ocupa un lugar destacado. Tengo una mujer extraordinaria y juntos tratamos de educar a nuestros cinco hijos de la misma manera que nos educaron a nosotros. Los hijos son la empresa más importante que puedes tener y requieren mucha dedicación. No puedes esperar que los eduquen en el colegio o dejar que, por ejemplo, la televisión tenga mayor influencia que un padre en la conducta de un hijo. No sé si es lo mejor, pero intentamos inculcarles una serie de valores como la honestidad, el esfuerzo, la solidaridad, y aunque no esté de moda, la fe en Dios para que les ayude en sus vidas".

Un sueño en forma de tienda. "Un conjunto de actividades comerciales previas en el sector de la moda me aportaron la capacidad financiera suficiente para poder poner en marcha en 1998 mi verdadero sueño: Hannover 1998. El éxito radicó en combinar una selección de prendas de máxima calidad con una cuidadísima atención personalizada. Me aventuré en el sector inmobiliario y adquirí el inmueble que ocupaba un colegio mayor dirigido por religiosas. Lo derribamos y construimos un edificio de viviendas de lujo en el que los 800 metros cuadrados de planta baja comercial y entresuelo pasaron a ser la tienda actual. La clientela es variada: desde políticos, a empresarios, deportistas y profesionales que aprecian la calidad de nuestros productos".

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