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"Si quiero salir de Siria es por el futuro de mis hijos"

Ali Ismail Mohammad, un cardiólogo que trabajó en el HUCA, busca ayuda para abandonar el país árabe

17.03.2016 | 04:07
Por la izquierda, el doctor sirio Abdul Al Nachawati, Juan Ortiz, antiguo gerente del Sespa, y Ali Ismail Mohammad.

"Soy un hombre fuerte. Y no soy el problema. Si quiero salir de aquí no es por mí, es por el futuro de mis niños". La frase la pronunciaba ayer Ali Ismail Mohamad en conferencia telefónica con LA NUEVA ESPAÑA desde la ciudad siria de Tartus, situada en la costa, a 30 kilómetros de la frontera con El Líbano y en manos del gobierno de Bashar Al Assad. Desde allí Mohamad hace un llamamiento a las autoridades asturianas para que le echen una mano con el objetivo de dejar atrás el país árabe, en guerra desde hace un lustro. Durante 2003, este cardiólogo con 25 años de experiencia estuvo en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) aprendiendo técnicas de hemodinámica, que luego ha venido desarrollando en un hospital de Tartus.

"Soy sincero. La cosa estuvo más complicada hace tiempo. Ahora no hay casi problema desde que llegaron los rusos", apuntaba Mohammad. Pero tras cinco años de conflicto, "la situación económica no es buena" y tampoco se fía de que algún día las bombas vuelvan a asolar la ciudad en la que vive, ya que el frente se encuentra a unos 150 kilómetros de donde vive. Este cardiólogo de 55 años, jefe del servicio del hospital en el que trabaja, no pide nada más que "una oportunidad". Y si algo tiene claro, es que todo lo que haga "lo haré por lo legal", en referencia a que no quiere "salir como sea, quiero hacerlo de legal", a diferencia de muchos de sus compatriotas que esperan dar el salto en Europa en alguna de las fronteras orientales del continente. De igual forma, Mohammad no quiere saber nada de política. Antes de que se le pregunte por la situación del país -"es mala", dice- aclara que no está "ni con el gobierno ni con la oposición".

Su única intención es la de lograr "salir de aquí legalmente y de manera respetable", insiste. Con un español aceptable -lo aprendió en la Universidad cubana de Santa Clara, donde obtuvo el título de médico- conoce los pasos a dar para entrar en España. Uno de ellos sería lograr la convalidación del título de Medicina -"compañeros libaneses que tuve en Santa Clara lo consiguieron", asevera.

Luego asume, "y estoy dispuesto", afirma, que tendría que someterse a un examen para convalidar la especialidad de cardiología. Junto a él vendrían dos de sus tres hijos, una niña de 11 años y un niño de 14, y su mujer. Su vástago mayor, de 18 años, hace meses que se encuentra en Chequia con un familiar. "Lo mandé fuera porque empezaba la universidad y allí caen bombas", afirma. Durante su estancia en el HUCA, Mohamad trabajó al lado de César Morís, actual jefe del Área de Corazón del HUCA. "Guardo muy buen recuerdo de él. Era un muy agradable. Era un médico formado y sólido que vino a formarse en hemodinámica para hacer cateterismos", señaló ayer Morís. El doctor confía en que su colega sirio pueda salir de su país y recalar en Asturias, aunque asume que los trámites burocráticos son complicados.

El candasín Abraham Orviz es íntimo amigo de Ali Ismael Mohammad desde finales de los años noventa. "La última vez -la pasada semana- que hable con él me dijo que no aguantaba más, que quería venir a España con todas las de la ley e insistió en que no quería ningún tipo de ayuda económica", resaltó Orviz, que viajará a la República Checa el próximo mes de abril para visitar al hijo de su amigo.

Abraham Orviz está moviendo Roma con Santiago para convalidar el título médico del sirio en España con el fin de encontrar después un puesto de trabajo en la Sanidad y que viaje "con todas las garantías". Es tal el aprecio que le tiene este candasín de adopción y natural de La Rebollada, en San Martín del Rey Aurelio, que siempre lleva consigo una tarjeta que Ali Ismail Mohammad le entregó la última vez que se vieron con sus teléfonos de contacto.

"Espero que no entren los americanos en Siria y ocurra lo mismo que pasó cuando la guerra en Irak, una catástrofe", destaca Abraham Orviz.

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