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Gente de Oviedo

"Me crié en Buenavista y conocí la vida de la ciudad cuando empecé la carrera"

"Hice el Bachiller en el Alfonso II y el profesor Jaime Alberti nos convenció para estudiar Derecho, primero a mí y luego a mis padres"

19.03.2016 | 04:57
Fernando Castro.

Fernando Castro, abogado y director del Centro de Estudios del Colegio de Abogados de Oviedo, nació en el Alto de Buenavista en el año 1957, cuando toda la zona estaba rodeada de prados y era puro campo. Para aquel niño, buen estudiante, sin una vocación demasiado definida, fue toda una experiencia empezar las clases en el Instituto Alfonso II, cuando aún no había cumplido los diez años. Aquel fue el primer encuentro con el centro de la ciudad que a Castro se le incrustó para siempre en la piel cuando llegó a la Universidad. Eran los tiempos en los que la Facultad de Derecho se ubicaba aún en el señero emplazamiento del edificio histórico, bajo la sombra protectora de la estatua del fundador Valdés Salas, a cuyos pies algunos alumnos se atrevían a escanciar unas botellas de sidra después de un examen. Sin duda eran otros tiempos. Fernando Castro los recuerda con cariño, el mismo que profesa a cada rincón del Oviedo Antiguo.

El niño de Buenavista que se convirtió en abogado. "Nací en 1957 y viví en el Alto de Buenavista. Me tocó ver todo el proceso de construcción de la residencia sanitaria. Con nueve años empecé la Preparatoria en el Instituto Alfonso II, en el edificio anexo que aún se conserva. Allí hice el Bachiller y el COU. Formé parte de la primera promoción de la selectividad y aunque era buen estudiante fui afortunado porque ese año levantaron un poco la mano. De pequeño mi Oviedo eran los prados de Buenavista. Realmente hasta que no empecé en la Universidad no conocí la vida de Oviedo. Salíamos a las romerías de los barrios, y había que estar en casa a una hora prudencial. Realmente me integré en la ciudad cuando pasé de mi barrio a la Universidad".

La carrera de Derecho, ligada a la suerte. " Yo no tenia intención de hacer carrera universitaria. Quería ponerme a trabajar. La verdad es que tampoco estaba muy convencido de que pudiese servir para estudiar una carrera. Fue mi querido profesor del instituto y también amigo, Jaime Alberti, quien se empeñó en que hiciese Derecho. En COU había una optativa que era Derecho y debió de ver que se me daba bien. Me convenció a mi y también a mis padres. Yo había hecho bachiller de ciencias y las matemáticas se me daban muy bien. Así que tuve la suerte de empezar Derecho. Siempre le estaré agradecido a Jaime por aquello. Entré en la Universidad en el 1974, en los últimos meses del franquismo. En la Facultad di con gente muy buena. Mi promoción fue especial. Tenemos notarios, registradores, y hasta el exdecano del Colegio de Abogados Enrique Valdés. Y siempre hemos sido todos amigos. Cualquiera de la promoción que necesite algo de uno de nosotros sabe que sólo tiene que coger el teléfono. De vez en cuando nos seguimos sentando a discutir y a cenar".

La abogacía y el buen consejo del profesor Sosa Wagner . "La carrera la hice sin problemas. También he sido mucho de patio, donde se aprenden muchísimas cosas. Nos lo pasamos muy bien. Cuando acabé vi que la salida lógica era ser abogado. En los últimos cursos andaba metido en política y tuve la inmensa suerte, otra vez la suerte, de conocer al profesor Sosa Wagner. No me dio clase, pero en alguna ocasión tuve que entablar relación con él. Antes de irme a la mili, que hice en Tenerife , le pedí que me recomendase unos libros de Derecho Administrativo. Me pidió que a la vuelta pasase a verlo porque quería montar un despacho. Cuando volví ya había puesto el despacho con Raúl Bocanegra. Allí estuve unos años. Siempre dedicado al Derecho Público. Luego surgió la posibilidad de dar clases en la Facultad de Económicas para dar clases de Derecho Urbanístico. Entonces me di cuenta de lo mucho que había cambiado la Universidad".

Boda con una compañera de la Facultad. "Me casé con más de treinta años con una compañera de la Facultad. La boda fue en Las Puentes (Lena), con poca gente e íntimos. Nuestro hijo Manuel nació en 1996. Está en la Carlos III de Madrid y estudia Derecho y Políticas. Tiene la obsesión de convertirse en diplomático".

Trabajo por la profesión y vocación colegial. "Estoy en el Colegio de Abogados desde 1982 y desde entonces he participado en todas las batallas. Me gusta trabajar por mi profesión. Creo que es algo que hay que hacer. Uno termina aprendiendo que si no hubiese un colegio de abogados estaríamos organizando un sindicato. Así que mucho mejor tener un colegio a la medida de nuestras necesidades. Yo estoy encantado con el Colegio. Lo lamentable es la falta de memoria histórica. Los abogados son cada vez más jóvenes y no saben como eran las cosas hace unas décadas. Uno de los mayores aciertos fue comprar el edificio que alberga el Colegio. Es difícil hoy en día que en cualquier actividad que se organiza en Oviedo no se cuente con el Colegio. De doce años para acá y con Enrique Valdés la entidad pegó un vuelco brutal".

El Centro de Estudios del Colegio de Abogados, un gran orgullo. "Tengo la enorme suerte de ser el director del Centro de Estudios del Colegio de Abogados que nos inventamos en la primera legislatura de Enrique Valdés. Desde allí promovemos numerosas iniciativas de formación, algo que consideramos muy necesario para los profesionales".

Enamorado del Oviedo Antiguo. "Siempre me gustó mucho el Oviedo Antiguo. De hecho, vivo en la Plaza de Trascorrales. No utilizo el coche para nada. Soy funcionario en la Confederación Hidrográfica y los fines de semana me marcho a Fierros, en Lena. No me puedo quejar".

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