El caldo, de Trascorrales a la Catedral

Gobierno y oposición, distantes en el tradicional pincheo con el Cabildo, que se celebró por primera vez en el templo

21.03.2016 | 04:10
Un pincheo austero. El pincheo estuvo formado por caldo, jamón, queso, empanada y algún canapé. En la foto, un momento del acto.

Como las relaciones entre la Iglesia y el tripartito están así así, este año el Cabildo pasó de más líos y eligió la Catedral para organizar el caldo de Ramos. Después de quedarse sin subvención, andan las cosas como para que el Cabildo le pida ahora al gobierno que le ceda un espacio municipal. Unos y otros se empeñan en decir que entre ellos está todo bien y en poner buenas caras. Ya. También fue la Iglesia quien renunció al dinero municipal porque sí.

El caso es que el tradicional pincheo tuvo lugar en la Catedral y eso fue la novedad. En Trascorrales, donde se venía haciendo estos últimos años, había una multitud entregada a otro caldo, al de cebada. Birra artesanal.

La sala era pequeña pero coqueta y comer dentro de la Catedral como que no es del todo habitual. Asistieron 11 concejales de la oposición: 10 del PP y uno de Ciudadanos. "Estoy a ver si me los llevo a todos al centro", bromeaba Luis Pacho, el single (ayer) de la formación naranja. Centro político, se entiende.

Que eran ellos los concejales se notaba a leguas. Corbatas, tacones, gomina y lo que sus señorías tienen y les diferencia del resto de ciudadanos: la medalla de concejal con una cinta en tonos azules y amarillos que, dicho sea de paso, destrozaba algún que otro look. Una pena.

A quien escogió la sala del pincheo se le olvidó que venía un concejal del PP en silla de ruedas, Eduardo Llano, a quien varios forzudos tuvieron que subir a pelo por tres tandas de escaleras. Llano, por cierto, sufrió un pequeño accidente al entrar a la misa. Un escalón le provocó una caída. Él mismo restó importancia al incidente y menos mal que matizó que la Catedral sí era accesible (por otra entrada) que ya había quien tenía en mente un jugoso titular. Y, hablando de accesibilidad, por aquello del lío de las terrazas y tal, en el pincheo estuvo José Luis Álvarez Almeida, presidente de los hosteleros. Hubo alguien que se preguntó por qué estaba allí él si el asunto iba de gobierno y Cabildo. "Quizá sea él quien ponga el pincheo", se dijo. Quizá.

La cosa fue austera: queso, jamón, empanada, algún canapé, caldo, vinos, refrescos y poco más. Conste que quien quiso comer, comió.

Del tripartito estuvo la rama moderada, como era de esperar. Se acercaron el Alcalde y Ana Rivas. Nadie de Somos. Nadie de IU. Ambos llegaron los últimos y se fueron los primeros y hablaron la mayor parte del tiempo con la parte eclesiástica. Se mezclaron bastante poco con la oposición. O la oposición se mezcló bastante poco con ellos. Que es lo mismo. Buenas caras y cordialidad por delante, críticas y comentarios rebeldes por detrás. Nada nuevo.

A la salida caía la del pulpo y hubo algún edil que lo tenía clarísimo: "Yo voy a casa ahora, como, me encuevo en la cama y ya no salgo hasta mañana". Buen plan.

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