Psicoesteta

Obsesión por estar guapos

El imparable interés del hombre por cuidar su imagen

16.04.2016 | 06:18
Un hombre recibe un masaje en un centro de belleza.

A mediados del siglo pasado un miembro de la Cámara de los Comunes asombró al Parlamento y al pueblo de Gran Bretaña declarando que la nación inglesa gastaba una suma de dinero mucho más importante en lociones para el cabello que en la flota del país.

Con aquella afirmación indicaba de un modo muy gráfico el interés creciente que la gente siente por su propio cabello, tendencia que ha conquistado a hombres y mujeres de todo el planeta. Su intervención sólo fue el preludio de lo que estamos viviendo a día de hoy.

Sumergidos en un mundo donde cada vez se presta más atención al aspecto físico y a la imagen, el público masculino, hasta hace poco retraído de modas, se ha concienciado de la importancia que tiene su apariencia y busca algo más que un cuidado rápido después del afeitado o ir a la peluquería cada cierto tiempo. Recordando las palabras de Tomás de Aquino: "Quae visa place", es decir, todo lo que agrada a la vista es bello.

Hombres de negocios, empresarios, altos ejecutivos y, sobre todo, los jóvenes, quieren tener buen aspecto, sentirse lo mejor posible e impresionar con una imagen impecable. Sin perder un ápice su condición masculina, los varones se cuidan más, quieren gustar y gustarse, trabajan su piel y su cuerpo y miman su cabello para ofrecer un perfil atractivo y actual.

Estudios recientes destacan que las ventas de productos cosméticos masculinos han crecido un 76 por ciento en los últimos cinco años, una realidad incontestable a pesar de la crisis económica que estamos viviendo. Además de la comparativa del representante de la Cámara de los Comunes -realizada hace muchos años- la demanda de productos que combaten los signos de fatiga, estrés y edad ha aumentado, en parte, por la presencia habitual en medios de comunicación de celebridades prescriptoras que ha potenciado aún más esta tendencia. No extraña que los españoles reconozcan que pasan entre cinco y diez minutos diarios delante del espejo. ¿Se imaginan a algún político español exponiendo estos datos en el Parlamento? Hoy en día, nadie discute el poder de la imagen y la inversión que hacen los hombres en su cuidado personal. Como señalaba el profesor Carles Muñoz Espinalt: "nosotros no somos solamente lo que somos sino lo que aparentamos ser", una frase que incluí en mi último libro "Cómo triunfar en la era de la imagen. Claves psicoésteticas para el siglo XXI", en el que después de muchos meses de trabajo plasmé lo que es para mí la imagen en todos los aspectos de la vida.

Es cierto que aún persisten prejuicios heredados de un machismo trasnochado que ejercen de barrera en el consumo de cremas, geles, lociones y champús pero la evolución de la sociedad en su conjunto, cada vez más permisiva y abierta, ha provocado que los hombres rompan ataduras, se preocupen por su aspecto y busquen una imagen que les ayude a lograr el éxito personal y profesional. Hace tiempo que defiendo que el cambio cultural es un hecho. Ya no es raro escuchar a hombres hablando de su estética en reuniones con amigos o en la misma oficina. Atrás quedó el metrosexual hedonista que se puso de moda en la década de los noventa y principios de siglo.

Cada mañana nos levantamos con miles de cambios y cada días estos se producen con una mayor rapidez. Las rutinas y el conformismo son fórmulas del pasado. La innovación y la creatividad son ingredientes irrenunciables, como el dejar a un lado el pensamiento erróneo de creer que ya está todo inventado.

Al varón de hoy le gusta cuidarse y se ha alejado de tabúes. Por suerte, el uso de la cosmética masculina es un hábito y promete seguir creciendo, quizá supere al gasto del país en su flota, pero es que en el siglo XXI impera más la imagen personal que otra cosa.

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